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martes, 23 de noviembre de 2010

La FAPE y los medios firman un texto contra la política informativa de Marruecos

MADRID, España, noviembre 23.- La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y medios de comunicación españoles han suscrito una declaración conjunta en la que manifiestan su enérgica protesta contra la política dictada por Marruecos para la cobertura por los periodistas españoles de los acontecimientos en el Sáhara Occidental y rechazan los recientes atropellos al libre ejercicio de los profesionales españoles.

La FAPE y los medios de comunicación que suscriben esta protesta piden al Gobierno español que atienda su compromiso con la libertad de prensa y no participe en decisiones de veto que atentan contra el derecho de la ciudadanía a recibir información libre e independiente, al tiempo que reclaman al Ejecutivo que sea mucho más contundente en los mensajes que dirige a su homólogo marroquí para abrir sus fronteras a los medios de comunicación españoles.

Unidad de los periodistas
Desde que esta crisis comenzó, la FAPE ha subrayado en varios comunicados que los atropellos a la libertad de prensa sólo deterioran la calidad democrática. También ha hecho llamamientos a la unidad de los periodistas españoles al margen de líneas editoriales, como demuestra esta declaración conjunta.

La presidenta de la FAPE y representantes de los medios de comunicación suscriptores realizarán un acto de firma pública de la citada declaración este miércoles 24 de noviembre en la Sala Alejandro Lerroux de la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM).

Los medios que firman el documento son El País, El Mundo, ABC, Público, El Periódico de Catalunya, La Vanguardia, La Razón, 20 Minutos, Cadena SER, Cadena COPE, Onda Cero, Cuatro, CNN+ y La Sexta.
Fuente:
www.abc.es

viernes, 19 de noviembre de 2010

El narco amordaza periódicos de México


 En un estudio, la Fundación MEPI dio seguimiento a la informado por medios regionales sobre la violencia vinculada con el crimen organizado.


SALTILLO, México, noviembre 19.- Un reporte de la Fundación MEPI asegura que la prensa regional en México informa sobre menos del 5 por ciento de los asesinatos, ataques y violencia ligados al crimen organizado en el país y el silencio impuesto por los carteles ha creado "agujeros negros de información".

El informe "México: La nueva espiral del silencio" es un análisis de la cobertura de 11 diarios regionales y da cuenta del impacto de la llamada narcoviolencia en la prensa, que muchas veces opta por callar. "No es que las páginas de noticias policiales estén vacías, sino que los periódicos se enfocan en delitos menores o hechos que no tienen que ver con el mundo de la droga", dice el reporte.

Por ejemplo, durante el primer semestre de 2010, la cobertura sobre violencia disminuyó, pese a que las ejecuciones y ataques ligados al crimen organizado aumentaron. En la mayoría de los casos, los diarios analizados reportaron sólo uno de cada diez sucesos relacionados con la violencia de los carteles.

La situación es particularmente sombría en los estados de Nuevo León, Tamaulipas, Hidalgo y Veracruz, aunque lugares como Jalisco, Michoacán y Sonora también han sido afectados, añade CNN México.

La guerra contra el narcotráfico en México cuenta con su propio frente mediático, explica BBC Mundo. Las autoridades han advertido a medios locales y extranjeros que es necesario dar cuenta de algo más que la violencia, pero periodistas han señalado que no se puede hacer caso omiso a la inseguridad que azota a la nación. "Ojalá la situación de México fuese un invento o una exageración", dijo en su blog el corresponsal en México del diario El País, Pablo Ordaz.

MEPI monitoreó durante los primeros seis meses del año los siguientes diarios: El Noroeste (Culiacán), El Norte (Ciudad Juárez), Norte (Monterrey), El Dictamen (Veracruz), Mural (Guadalajara), Pulso (San Luis Potosí), El Mañana (Nuevo Laredo), El Diario de Morelos y Milenio (edición nacional e Hidalgo). El análisis compiló todos los artículos que mencionaban palabras clave para hablar de la violencia de la droga: "narcotráfico", "comando armado", "cuerno de chivo", etc.

Aunque los periódicos de Coahuila no fueron considerados en el estudio, ello no significa que el problema no exista en el estado. La mayoría de los diarios que circulan en la entidad, si no es que todos, de alguna u otra manera han recibido advertencias de grupos delictivos en torno a la información que se publica. Además algunos medios han sufrido en carne propia la situación de violencia que priva en todo el país, cómo el caso de un reportero asesinado del periódico Zócalo Saltillo, uno más desaparecido del Zócalo Monclova, o los tres reporteros secuestrados y posteriormente liberados en Torreón, dónde además fue asesinado uno más.

Esto ha derivado en una autocensura impuesta por los propios periódicos, con el fin de salvaguardar la integridad de su personal.

De acuerdo al estudio, poco después de que los Zetas tomaron el control de una ciudad de Coahuila (la cual no mencionan) hace unos años, el nuevo jefe de la plaza comenzó a exigir al director de un periódico (que tampoco se menciona cual) que le acercara a su carro la portada que planeaba para el día siguiente. Allí, le indicaba qué artículo podía publicarse y cuál no, según relató un editor capitalino informado de la situación.
Fuente:
www.elheraldodesaltillo.com

La nueva espiral del silencio, estudio sobre la mordaza a los medios

 La Fundación MEPI dio seguimiento a la cobertura de la violencia en diarios regionales.La organización cuenta con una publicación electrónica disponible en fundacionmepi.com.


SALTILLO, México, noviembre 19.- "Llegó una carta", le dijo su madre una noche después del trabajo. Cuando revisó el sobre, el periodista de Valle del Mezquital, en Hidalgo, se enteró que estaba invitado a una fiesta privada en el rancho Santa Inés de Tepeji del Río, el 14 de febrero, Día de los Enamorados. "Habría alcohol, mujeres y regalos para todos los asistentes, sin costo alguno", contó el reportero, que pidió no ser identificado. Al día siguiente, se enteró que los sobres misteriosos les habían llegado a varios colegas de otros medios.

El periodista no asistió al convite, pero al lunes siguiente dos colegas le contaron lo que pasó en la bella finca. Le dijeron que los recibió un grupo de personas que los llevó a una estancia preparada para la fiesta, donde se sumó más gente, y luego, mujeres a bordo de autos de lujo. "Una voz paró la música y dijo que esto era para todos los asistentes, que lo disfrutaran: las mujeres, el alcohol y los regalos", le narraron. "La condición era que no se metieran en los negocios".

Los Zetas habían llegado a Hidalgo y así informaban a la prensa local de la nueva ley vigente.

El poder del narco se esparció en los últimos años como un cáncer a regiones que antes no tocaba, hasta alcanzar hoy más de la mitad del país. En su avance de ciudad en ciudad, los cárteles fueron creando agujeros negros de información en el mapa, al obligar al silencio a los periodistas de cada plaza.

De Matamoros a Pachuca, de Ciudad Juárez a Sinaloa, la información que se publica sobre la guerra de la droga no suele depender del editor a cargo. Muchas veces, se define en un pacto -verbal o tácito- logrado a punta de pistola entre los medios de algunos estados y las organizaciones de narcotraficantes que dominan el área. Esos apagones informativos son lo que ha impedido a México ver las señales de alerta, tan obvias como la fiesta del 14 de febrero, que marcan el avance de la epidemia.

La Fundación MEPI realizó durante seis meses un estudio estadístico y entrevistas con periodistas de las diversas ciudades para poder trazar ese mapa, para saber dónde están los agujeros negros. Los periodistas regionales admiten que no escriben sobre todo lo que pasa en sus regiones, pero confiesan que se enfrentan a una elección difícil entre la ética de la profesión y su seguridad personal.

Hace treinta años, los síntomas de esta epidemia se veían sólo en lugares como Matamoros

En julio de 1986, Norma Moreno Figueroa tenía sólo 24 años, pero ya era una columnista influyente del diario El Popular de esa ciudad norteña. Sus artículos divulgaban rumores e insinuaciones -no siempre bien fundamentados- que la habían vuelto una enemiga pública de muchos poderosos. Pero la gota que derramó el vaso, dicen sus colegas, fue una columna sobre el alcalde Jesús Roberto Guerra Velasco, pariente de Juan Nepomuceno Guerra, uno de los fundadores del Cártel del Golfo.

Poco después de las 7 de la mañana del 7 de julio de ese año, Moreno Figueroa murió acribillada por armas automáticas frente a las oficinas del diario, junto con el director, Ernesto Flores Torrijos.

El crimen nunca se solucionó pero, para la prensa de la ciudad, su significado sigue claro hasta hoy. "Ese asesinato", dijo este año un veterano reportero local, "definió los parámetros del trabajo para todos los periodistas en Matamoros". La primera regla es nunca publicar los nombres de los capos.

La investigación de la Fundación MEPI en que se basa este artículo halló que Matamoros y otras zonas de Tamaulipas bajo el control del Cártel del Golfo son un agujero negro informativo, donde la prensa local reporta prácticamente 0% de los incidentes de narcoviolencia. Las únicas excepciones, en Nuevo Laredo, son noticias sobre incidentes que suceden al otro lado de la frontera, en Texas. Con la muerte de Ezequiel Cardenas Guillén, "Tony Tormenta", líder del Cartel del Golfo, la situación se puede volver crítica.

Pero el problema no es exclusivo de Matamoros. Hoy, en casi todas las regiones del país, el número de artículos periodísticos que mencionan la violencia de los cárteles es sólo una pequeña fracción de la cifra de ejecuciones que ocurren por mes en cada entidad. No es posible saber cuántos actos adicionales de violencia, como secuestros y asesinatos, suceden en forma paralela para los ajustes de cuenta después de una ejecución, pero se estima que el número es considerable. Gran parte de esta violencia no aparece en los medios.

MEPI monitoreó durante los primeros seis meses del año los siguientes diarios: El Noroeste (Culiacán), Norte (Ciudad Juárez), El Norte (Monterrey), El Dictamen (Veracruz), Mural (Guadalajara), Pulso (San Luis Potosí), El Mañana (Nuevo Laredo), El Diario de Morelos y Milenio (edición nacional e Hidalgo). El análisis compiló todos los artículos que mencionaban palabras clave para hablar de la violencia de la droga: "narcotráfico", "comando armado", "cuerno de chivo", etc. No fue posible comparar estos resultados con estadísticas oficiales de criminalidad, ya que las pocas que existen se contradicen entre sí, pero MEPI contrastó el total de artículos publicados con el número de ejecutados en cada ciudad. Esta comparación permite ver cuánto calla la prensa en cada una de las ciudades que más sufren la violencia de la droga en México.

Los resultados son reveladores: en la mayoría de las ciudades estudiadas, la población se entera de sólo uno de cada diez sucesos relacionados con el narcotráfico.

No es que las páginas de noticias policiales estén vacías, sino que los periódicos se enfocan en delitos menores o hechos que no tengan que ver con el mundo de la droga.

En Ciudad Juárez, por ejemplo, los sicarios de los cárteles de Juárez y de Sinaloa que se disputan la plaza asesinaron un promedio de 300 personas por mes en la primera mitad de 2010. Pero un monitoreo del influyente periódico local Norte mostró que los cárteles aparecían en sólo 30 artículos por mes, según el análisis de MEPI.

"No sacamos 80 por ciento de la información," estima Alfredo Quijano, editor de Norte--de hecho, no publican 90% de las historias, según las cifras de esta investigación, ya que publican solo 30 de 300 incidentes.

"Nuestras notas son más simples ahora; ya no damos seguimiento", agrega. "Ahora el seguimiento es de un día. Hace dos años estábamos peor, hemos estado viendo la forma de cómo decir las cosas y hemos encontrado formas".

En Tamaulipas, la situación es aún más crítica. En la primera mitad del año, el periódico El Mañana publicó cada mes cinco o menos artículos que mencionaran al narcotráfico y ninguno sobre ejecuciones. Sin embargo, en el estado hubo un promedio de tres ejecuciones al día en ese periodo.

En Veracruz, un diario que intentó tenazmente escribir acerca de eventos relacionados con el narco sufrió el secuestro de uno de sus reporteros, como amenaza, que fue posteriormente liberado. El periódico hoy en día reporta poco acerca de narco-violencia, según el análisis de la MEPI.

En Monterrey, el legendario periódico El Norte -cuyo director Alejandro Junco se exilió hace dos años en Austin tras recibir amenazas- publica sólo de 5 a 10 por ciento de las ejecuciones que ocurren en el estado. Un alto ejecutivo del periódico se sorprendió de que el número fuera tan bajo, ya que "muchas veces parece que el periódico está lleno de historias de narcotráfico".

Con la bendición del pueblo
"Los cárteles tienen formas diferentes de controlar a la prensa", explicó un veterano periodista de Sinaloa. Pero el método que se está imponiendo hoy en muchas partes del país es el que comenzó a asomar con la muerte de Moreno Figueroa. Son las tácticas que el Cártel del Golfo creó y sus ex aliados, Los Zetas, difundieron por el resto del país.

En Hidalgo, se podría decir que la fiesta de los presuntos Zetas cumplió su cometido de mantener a la prensa en silencio. Recién en octubre de 2010, México se enteró a través de un diario capitalino de la existencia en Pachuca de una capilla financiada por el jefe de Los Zetas, Heriberto Lazcano Lazcano, casi un año antes.

La bonita capilla, de líneas modernas y paredes naranja fuerte, con una cruz tubular metálica de unos diez metros de altura, se impone sobre las casas chatas y el pavimento desparejo de la colonia Tezontle. Está a una hora del Distrito Federal y a 200 metros de un cuartel militar, pero hasta hace poco casi nadie afuera del barrio sabía de ella. Irónicamente, el jefe de Los Zetas, nacido en Hidalgo, no ocultó su donación generosa, a pesar de ser uno de los sospechosos más buscados de México. Su nombre quedó estampado en una placa de inauguración de noviembre de 2009: "Centro de Evangelización Catequecis (sic) 'Juan Pablo II'. Donado por Heriberto Lazcano Lazcano".

Los Zetas, ex operativos del Ejército mexicano que se iniciaron en el negocio del narco con el Cártel del Golfo, manejan su negocio en base a una estrategia militar y, como consecuencia, han influido en la manera en que los traficantes se relacionan con los periodistas. Para ellos, los medios son herramientas en una guerra psicológica.

Los periodistas les sirven a los criminales para muchas cosas, según explicó el experto en seguridad y violencia Eduardo Guerrero, de Consultores Lantia. "Multiplican la fuerza de un mensaje", dijo. También sirven para recabar información, porque con su credencial pueden entrar a muchos lugares.

"Para los narcos, es muy importante comunicarse con los enemigos y con la sociedad" dijo Guerrero. "Primero, lo hacen a través de cómo dejan a sus muertos. Luego, con las cartulinas y las 'narcomantas'. Algunos usan YouTube y blogs. (Pero) los medios y la televisión son los más eficaces".

La fiesta en el rancho pudo haber servido para silenciar a los periodistas, pero también para verles la cara a figuras clave de un territorio nuevo para Los Zetas. Un periodista que hace años cubre el narcotráfico en Ciudad Juárez, territorio del cártel homónimo, relató que allí solía haber "como veinte periodistas de radio, TV, prensa escrita, trabajando para los narcos". Ahora que la plaza está en disputa y concentra el 20% de las ejecuciones del país, agregó, "es muy peligroso recibir dinero de ellos".

Así como Tamaulipas estuvo entre los primeros estados en vivir la violencia contra periodistas, también es uno de los lugares donde el sistema de control a la prensa se ha profundizado más. Ocho periodistas de la entidad nororiental relataron a MEPI que Los Zetas y el Cartel del Golfo los citan en forma periódica a reuniones en que les dan directivas sobre qué deben cubrir y qué no.

Algo similar sucedía en Coahuila. Poco después de que Los Zetas tomaron el control de una localidad de ese estado hace unos años, el nuevo jefe de la plaza comenzó a exigir al director de un periódico que le acercara a su carro la portada que planeaba para el día siguiente. Allí, le indicaba qué artículo podía publicarse y cuál no, según relató un editor capitalino informado de la situación.

Hoy, los territorios que controlan Los Zetas y el Cártel del Golfo son donde más aturde el silencio de la prensa. Según el análisis de MEPI, los medios de esas regiones difunden apenas entre 0% y 5% de los incidentes de narcoviolencia.

En julio, unos sicarios secuestraron en Torreón a tres periodistas locales y uno de la televisión nacional. La prensa mexicana e internacional se paralizó, temerosa de que fueran asesinados. Pero un periodista sinaloense contó a MEPI que, cuando se enteró que los secuestradores eran hombres del Cártel de Sinaloa, supo que los comunicadores no iban a morir. No es que haya cárteles buenos o malos, sólo hay diferentes maneras de controlar a la prensa. Asesinar a periodistas no es el estilo de esa organización, dijo el reportero.

El grupo de Sinaloa domina hace treinta años la región de producción de cocaína y marihuana en esa entidad. Su líder, Joaquín "El Chapo" Guzmán, es uno de los mexicanos más ricos, según el ránking de la revista Forbes. La prensa en su tierra entiende que la mejor manera de funcionar es una detente, un pacto de no agresión, en que no se publican nombres ni detalles del funcionamiento de los cárteles a cambio de poder trabajar en paz, dijo un ex funcionario de la Procuraduría General de la República.

Aunque los periodistas de la región también tienen límites a lo que pueden publicar, dijo el reportero, "El Chapo aún no ha cruzado la línea de matar a periodistas".

Dentro de esos límites, el estudio de MEPI mostró que El Noroeste de Culiacán es uno de los diarios que publica uno de los porcentajes más altos de noticias sobre incidentes de narcoviolencia, alrededor del 30%.

Este año, una ola de muertes y desapariciones de periodistas en los estados más calientes de la guerra de la droga por fin llamó la atención de la sociedad nacional, incluidos los medios capitalinos. Pero hacía más de 20 años que algunos sectores advertían del peligro. En 1986, el Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa publicó en diarios capitalinos una lista de 26 periodistas asesinados desde 1971 y pidió al gobierno que protegiera a los comunicadores de los criminales y de la gente poderosa. (Hoy esa cifra queda chica al lado de los 30 desaparecidos y muertos desde diciembre del 2006).

Una pregunta salta a la vista: ¿por qué la prensa de la capital y otras instituciones nacionales no prestaron atención antes a la situación de los periodistas en riesgo?

Hay una arrogancia del DF hacia aquí", dijo Quijano, director del juarense Norte, quien lamentó que no se hagan esfuerzos para crear redes de colaboración entre la capital y los estados. El secuestro de los periodistas de Torreón causó que la prensa nacional dijera "basta", pero los periodistas provinciales subrayaron que uno de los plagiados era empleado de la televisora más grande del país. Quijano afirmó: "A Juárez han venido más corresponsales extranjeros que periodistas del DF".

A esto se suma la crisis económica que intentan capear los medios, grandes y chicos, de todo el país. Algunos medios nacionales redujeron el número de corresponsales en los estados y su cobertura sufrió las consecuencias, también muchos medios locales dependen de la publicidad oficial de gobiernos que no quieren ver una mala imagen de su estado en los periódicos. "Nosotros perdimos 70% de la publicidad", contó Quijano. "Tuvimos que cortar la sección policiaca de dos páginas a una. Recortamos personal, pero sobrevivimos".

Esas debilidades sistémicas impidieron ver cómo, mientras tanto, el poder del narco avanzaba de estado en estado y los periodistas de cada región sufrían diferentes métodos de presión para mantenerse en silencio. Los agujeros negros informativos se esparcían por el mapa mexicano y la sociedad nacional no prestaba atención a las señales, hasta este año.

"Se dejó crecer el problema", dijo un periodista experimentado de Veracruz. "Nadie del centro vino a reportear sobre los temas en las provincias".

"Existen reproches desde el centro porque los medios en provincia se han silenciado", agregó, "pero, ¿cómo nos pueden culpar, si ellos no conocen la realidad?". Fuente: www.elheraldodesaltillo.com
Imagen tomada de ciperchile.cl



La nueva espiral del silencio, estudio sobre la mordaza a los medios - Datos

MÉXICO, noviembre 19.- A continuación se incluye la imagen con el detalle de los datos del informe "México: La nueva espiral del silencio", realizado por la Fundación MEPI. 

  Fuente: fundacionmepi.org



miércoles, 17 de noviembre de 2010

Medios mexicanos bajan la cobertura de violencia por amenazas del crimen

CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 17.- La delincuencia acalla a los periodistas de México, considerado el país más peligroso de América para ejercer el periodismo.

Un reporte de la Fundación MEPI, creada en la Ciudad de México para promover la libertad de prensa, indica que en algunos estados del país los medios locales sólo difunden entre 0% y 5% de la información sobre delitos y violencia, debido a la amenaza o a la cooptación de grupos criminales.

Los territorios más afectados por ese problema son aquellos donde operan el cártel de narcotraficantes del Golfo y el grupo delictivo de Los Zetas, como Nuevo León, Tamaulipas, Hidalgo y Veracruz, aunque la situación también ocurre en Jalisco, Michoacán y Sonora.

De acuerdo con un recuento estadístico de la Fundación MEPI, realizado durante los primeros seis meses de 2010, en todos esos estados —que representan 28.27% del territorio nacional— disminuyó la cobertura informativa sobre violencia, a pesar de que ésta aumentó.

"De Matamoros a Pachuca, de Ciudad Juárez a Sinaloa, la información que se publica sobre la guerra de la droga no suele depender del editor a cargo. Muchas veces, se define en un pacto —verbal o tácito— logrado a punta de pistola entre los medios de algunos estados y las organizaciones de narcotraficantes que dominan el área", señala el reporte, para el que fueron entrevistados periodistas y ex funcionarios.

Alfredo Quijano, editor del diario El Norte de Ciudad Juárez, explica: "No sacamos 80% de la información. (…) Nuestras notas son más simples ahora; ya no damos seguimiento".

Según la Fundación MEPI, las amenazas o los ofrecimientos para acallar a la prensa son algunas de las estrategias de los delincuentes para mantener el control de una localidad. Otras son dar donativos a sitios de reunión como iglesias o dejar mensajes en cartulinas y mantas.

Los testimonios recabados por el reporte sostienen que el fenómeno no es nuevo, sino que desde hace 30 años ya sucedía en ciudades como Matamoros, en el norteño estado de Tamaulipas.

Añaden que hasta este año, cuando el cártel de Sinaloa secuestró en Durango a cuatro periodistas, se prestó atención nacional al problema. Una de las víctimas —que fueron rescatadas por autoridades federales— trabajaba para Televisa, la televisora más grande del país.

Con motivo de ese secuestro, alrededor de 2,000 periodistas marcharon en la Ciudad de México para exigir garantías de seguridad en el ejercicio de su profesión.
Fuente: mexico.cnn.com

Tantos muertos podrían no ser nota

 Para Blanquita Martínez, a dos años de la muerte de su esposo, el periodista Armando Rodríguez

Alejandro Páez Varela
CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 17.- Algunos amigos y yo tenemos un deporte: revisar cierta prensa de la frontera sur de Estados Unidos. A veces comentamos su cobertura; no periódicamente, pero sí cada vez que tenemos oportunidad. ¿Por qué tanto interés? En pocas palabras, porque nos sorprende cómo han dejado pasar una guerra. Ahora publican más que hace un año y hace dos; como lo hacen la prensa china o la rusa, y particularmente la española o la europea. Pero algunos medios en el sur estadounidense han dejado pasar una guerra: la sangrienta guerra de México. Es cierto que la trágica muerte de miles y miles de mexicanos puede ser traumática para su audiencia, pero, oiga, es una guerra. ¿Será noticia una guerra? Porque esa prensa, que no es la menos, acumula cuatro años de omisiones.

Quizás los mexicanos somos unos corruptos, unos bárbaros, unos salvajes y con este país se aplica esa máxima de que un muerto estadounidense vale (en términos noticiosos) por mil iraquíes, cinco mil afganos, 10 mil africanos y 20 mil mexicanos. Con ese criterio, para cuando lleguemos a los 100 mil muertos será como un choque con cinco fatalidades en un freeway de San Isidro, San Diego, El Paso, Eagle Pass, McAllen, Brownsville, Del Río o Van Horn.

Por supuesto que esta prensa a la que hago referencia sí cubre ciertos eventos de los cuales es imposible sustraerse, como las matanzas colectivas de jóvenes o la caída de capos que están en las listas de la DEA o del Departamento de Estado. Pero las coberturas fuertes vienen de la prensa lejana de la frontera, y de algunas revistas de probado profesionalismo, como The New Yorker y otras. Aunque tampoco es espectacular.

Mis amigos y yo nos hacemos algunas preguntas que posiblemente esa prensa sureña podría ayudar a esclarecer. Y quizás allí sí encuentren nota. Por ejemplo: ¿es noticia o no que decenas de toneladas de cocaína, mariguana, opiáceos o químicos ilegales desaparezcan una vez que cruzan los puentes internacionales y se internan al sur de Estados Unidos? ¿Puede considerarse un tema noticioso que esas cantidades de drogas no tengan dueño en cuanto llegan del otro lado de la línea fronteriza? ¿Es noticia que sus múltiples policías no encuentren estas bodegas -que deben ser cientos y con capacidades para toneladas- en las que se guardan cargamentos que después viajan en convoyes tampoco vistos y se fragmentan para alimentar el mercado a granel más importante del mundo? ¿Es noticia eso? ¿Se habrán preguntado por qué casi cualquiera de los países que están debajo del Río Bravo tienen identificados los cárteles y los varones de la droga y allá, en Estados Unidos, no parecieran tener idea quiénes se encargan de lavar entre 20 mil y 90 mil millones de dólares anuales en ganancias del narcotráfico? ¿Qué esa prensa que no cubre la guerra en México, o toda, no tiene curiosidad por saber por qué cada agencia estadounidense maneja una cifra distinta al año sobre volúmenes de tráfico, de blanqueo de dinero, etcétera?

Como la prensa estadounidense nos ha dado ejemplos de coberturas espectaculares; como la tenemos en un pedestal y la cubrimos de gloria en la cátedra y en las bibliotecas, esa cobertura mediocre genera dudas. ¿No publican ni investigan porque temen que el narco brinque a sus barrios? ¿Temen enfurecer a sus lectores, a los traficantes, a las policías? ¿Temen maltratar a los anunciantes, ahuyentar a sus amigos? ¿Por qué sí cubren con páginas y páginas lo que pasa en Kabul o en Kandahar pero no lo que sucede en Matamoros, Ciudad Mier, Ciudad Juárez, Tijuana…?

Quizás lo que necesitan es otro subcomandante Marcos sexy, otro Vicente Fox chistosito, o un gato atorado en un arbolito que rescatarán los bomberos o Supermán. Y entonces México será, otra vez, tema de su cobertura.

De tantas lecciones que tuvimos de la prensa norteamericana en el pasado, quizás no hemos aprendido en dónde está el mensaje que tratan de darnos esos medios del sur de Estados Unidos. Quizás no hemos entendido que tantos muertos del lado mexicano podrían no ser nota.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx

martes, 16 de noviembre de 2010

¿El mutismo como futuro?

Sin titubeos
Diana Mancilla
TOLUCA, México, noviembre 16.- Si la salud de una nación puede medirse por la solidez de su democracia y, consecuentemente, por el disfrute de libertades mínimas como es la de poder informar y expresarse, hace tiempo que la nuestra presenta los rasgos de una enfermedad que amenaza con extenderse, como gangrena, y hacer del silencio el futuro forzado de una actividad cada vez más riesgosa, como es la del periodismo.

La guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, emprendida por el gobierno federal, ha recrudecido las embestidas contra un sector casi en estado de indefensión, a pesar del discurso y la creación de departamentos específicos para atenderlo, como fue la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra Periodistas (FEADP), dependiente de la PGR.

Información sobre ataques a instalaciones de diarios y emisoras de radio y televisión, secuestro y asesinato de periodistas, todo se ha dado en los puntos neurálgicos de la guerra, casi siempre buscando intimidar a los editores y reporteros. Los medios y sus representantes son, con mayor frecuencia, material "noticioso".

En todos los casos los criminales han quedado impunes; los expedientes son archivados luego de argumentos tan elásticos como el de "es un asunto del narco" o, bien, no hay pruebas de que detrás haya estado la delincuencia organizada.

De acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en los últimos diez años han muerto en México más de 60 reporteros, una de las mayores cifras a nivel mundial.

Frente a la ausencia de garantías por parte del gobierno, en algunos casos de plano se ha optado por casi capitular: "¿Qué quieren?", preguntó un diario norteño, luego de que el crimen organizado asesinó a uno de sus reporteros.

Otros informadores, también del norte, han decidido que no está el país para martirologios y, en defensa de su vida, lo han abandonado, buscando las garantías mínimas que no se le ofrecen aquí. "Primero el destierro, antes que el entierro", dirán con coraje y resignación.

No creo exagerar, pero da la impresión de que ahora es más seguro ejercer el periodismo en El Congo, en Irak o en Colombia. Según investigadores, desde hace por lo menos tres años superamos del segundo lugar mundial a los africanos en cuanto a inseguridad se refiere, especialmente en perjuicio del periodismo, y eso no es para presumirlo con nadie.

Ahora bien, ya bastante se tiene con lidiar con gobiernos de todos los ámbitos y de todos los colores, generalmente acríticos o demasiado sensibles ante el señalamiento de políticas erróneas, y ni qué decir de corruptelas, como para que ahora los cárteles pretendan fungir de censores editoriales, castigando con la muerte o "recompensando" a quienes se someten a sus intereses.

"Esto le va a pasar a todos los que no entiendan", fue el mensaje que dejaron los criminales tras asesinar al periodista Valentín Espinosa, de Zócalo, de Saltillo, en Coahuila, a principios de este año, evento que, por temor, ni siquiera tuvo una digna cobertura, como ha pasado con otros crímenes de informadores en toda la República.

Las recientes agresiones al diario El Sur, en Guerrero este 11 de noviembre, en las que por fortuna no hubo muertos ni lesionados, constituyen un claro mensaje intimidatorio.

El origen no está claro ya que en el fondo estarían rivalidades políticas más que en cuestiones de narcos, según se infiere de los dichos de directivos de ese medio impreso acapulqueño, pero es algo que la autoridad deberá aclarar para evitar que se enrarezca más el panorama debido a la campaña para renovar el Poder Ejecutivo en la entidad.

Ante todo esto, ¿qué hacer?, ¿se dejan de informar de balaceras, algo que en los hechos ya ha sucedido, como en Ciudad Juárez? ¿No se da cobertura a nada, ahora que los criminales han encontrado las vías para hacerlo, como mantas y hasta videos en Internet, difundiendo sus mensajes y ejecuciones en vivo?

¿Habrá que fingir que no pasa nada?, ¿se tendrá que aparentar que el problema no está causando problemas sociales, políticos, económicos, y que todos tienden a profundizarse antes que a remediarse?

Al menos eso es lo que está sugiriendo el crimen organizado con los asesinatos y ataques a instalaciones de medios informativos, y eso es lo que la inacción gubernamental, la falta de investigación y la impunidad, está provocando también.

No se trata de cuestiones éticas sobre qué informar o no, de si está bien o no, pero tanto el crimen como la autoridad parecen compartir la misma visión: que no se informe de lo que está pasando o, en el caso "más suave" de la situación, que se diga lo que ellos quieren, lo que ellos creen conveniente.

"Nunca habrá ni mordazas ni censuras al quehacer periodístico", dijo apenas el pasado 9 de noviembre el presidente Felipe Calderón Hinojosa, durante la inauguración de la 66 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa. Y agregó que el crimen es la peor amenaza de la libertad periodística.

Empero, corresponsales de guerra de agencias internacionales de noticias, que han vivido cosas mucho peores en otras naciones, han comentado el riesgo de que la situación nos obligue a quedarnos en silencio. Todo por una guerra que no ha encontrado causa verdadera que la soporte y que desde le principio no convenció más que a sus autores.
Fuente:
www.milenio.com

¿¿¿Libertad de expresión???

Guadalupe Loaeza
CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 16.- Todavía me encontraba en Francia, cuando me enteré por internet de que Juan Angulo, un colega que conocí hace muchos años, director del diario El Sur en Acapulco, había sido víctima de un ataque para inhibir la libertad de expresión en el estado. El miércoles 10 de noviembre, un comando disparó a las afueras y en el interior de la redacción. No contento de su acto tan violento, intentó quemarla. Afortunadamente nadie salió lastimado y sólo hubo crisis nerviosas. "No quisiéramos que se desdibujara el atentado que sufrió anoche el periódico, que se desdibujara como parte de este clima de violencia generalizada, que por supuesto existe y se tiene que investigar, pero que también se sigan otras líneas de investigación", demandó el periodista. La noticia, a 10 mil kilómetros de distancia, me impresionó sobremanera. Mi indignación se intensificó aún más, al recordar cada una de las intervenciones de quienes habían participado hacía apenas unos días en la mesa de Libertad de Expresión del XI Foro Biarritz. Sin duda ésta fue una de las mesas que más impactó debido seguramente a que la mayoría de los participantes éramos periodistas mexicanos dispuestos a denunciar la gravísima situación que vive actualmente nuestro país en relación a los periodistas asesinados en manos de los cárteles del narcotráfico. "El periodista mexicano tiene cada vez menos confianza de poder morir en paz. La coyuntura actual es de extrema gravedad. Han sido asesinados 64 compañeros, una veintena están secuestrados o quizá ya muertos, casi mil han sido víctimas de agresiones físicas que van desde el ser golpeados en la cabeza con una pistola hasta el oír estallar una granada en las puertas de su redacción, todo en la década reciente, y con una tendencia en aumento", Diego Osorno, periodista de Milenio y autor de El cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco, de Editorial Grijalbo, considerado por el suplemento El Ángel de nuestro periódico, como uno de los libros del 2009. Sus palabras caían como plomo en medio de un silencio pesado. Ernesto Samper, ex presidente de Colombia, Carlos Mesa, ex mandatario de Bolivia y el columnista de El País, Miguel Angel Bastenier, mismos que presidían la mesa, escuchaban al periodista mexicano, con caras largas. "En mi país los reporteros caen como moscas y el periodismo no es el oficio más bello del mundo, sino uno en peligro de extinción", continuaba diciendo Diego. Armando Padilla conductor de CNN, la columnista colombiana María Ximena Dussan y el académico francés Dominique Wolton no le quitaban la mirada al expositor. En la mesa también participaban Carmen Aristegui, Beatriz Zavala, Rosario Green, Gabriel Guerra, Leonardo Curzio. Después de Diego, intervino Dussan, editorialista de Semana de Colombia: "la mejor forma de combatir la violencia es la solidaridad entre los miembros de la profesión y evitar protagonismos. Así sucedió en Colombia, durante 7 meses todos los medios escritos y electrónicos, publicamos exactamente las mismas noticias. Hoy por hoy, un periodista colombiano es un periodista seguro". En este sentido, Roberto Pombo, director del diario colombiano El Tiempo, hizo hincapié en la solidaridad que debe de existir entre los colegas de los medios más amenazados por la narcoviolencia. "Es como un escudo que protege", dijo.

Cuando finalmente llegó mi turno de hablar, sentía la boca seca. Estaba nerviosa, pero sobre todo, me sentía afectada por lo que ya habían declarado mis compañeros. Lo peor es que resultaba totalmente reiterativo: "¿Hablar libremente en el Foro de Biarritz lo que en realidad está sucediendo con la prensa mexicana, o no hacerlo por temor a abordar un tema que no hará más que confirmar que mi país es el lugar más peligroso para ejercer el periodismo y que ocupa los primeros lugares de periodistas asesinados? ¿Debo o no debo decirles que las celebraciones del Bicentenario de nuestra Independencia fueron las fiestas más tristes de la historia de México y que ese día, el 15 de septiembre, las calles de la ciudad estaban desérticas, y que en ellas no se veía ninguna manifestación festiva, porque no había nada que celebrar? ¿Contar o no contar, que en muchas ciudades y poblaciones, las y los mexicanos prefirieron no salir a las plazas públicas para gritar ¡¡¡Viva México!!!, por temor a los matones? ¿Reproducir en los diarios o no reproducir los mensajes de las narcomantas por miedo a hacerles el juego a los sicarios y al mismo tiempo enviar mensajes a los otros bandos? En medio de este terrible marasmo que vivimos diariamente los periodistas mexicanos, ¿dónde está el derecho a la información?".

Conforme avanzaba en la lectura, me comencé a sentir culpable. Tenía la impresión de que estaba traicionando a mi país. ¿Cómo me permitía "lavar la ropa sucia" frente a tantos colegas nacionales e internacionales? No me arrepiento. Lo hacía porque sé que en mi país siguen impunes la mayoría de los casos de periodistas asesinados. Sin duda también era una forma de solicitar la solidaridad de periodistas europeos y latinoamericanos hacia los colegas, como Juan Angulo, del periódico El Sur de Guerrero, que estuvo a punto de morir por el solo hecho de informar con libertad de expresión. Derecho que tenemos los periodistas y los lectores.
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www.reforma.com

lunes, 15 de noviembre de 2010

Medios, guerra y terror

Gabriel Guerra Castellanos
CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 15.- Es harto difícil, de por sí, mantener la objetividad cuando uno, o el país de uno, se encuentra en guerra. Lo es particularmente para los medios de comunicación, que tienen el reto y la responsabilidad simultáneos de informar objetivamente a la vez de no incitar al derrotismo ni tampoco cerrar los ojos ante los eventuales excesos o abusos del Ejército propio.

Por lo general, en esas circunstancias los medios tienden a tomar partido y a alentar a los suyos, en grados mayores o menores de fervor y fanatismo patrio que contagia y se contagia. A fin de cuentas, muchos medios no hacen más que replicar, repetir y promover la visión oficial de la historia o de la coyuntura, inflamando los ánimos y convirtiéndose de alguna manera en portavoces de una postura agresiva o expansionista. Los ingleses lo hacían a tal grado que hasta una palabra le dieron para definirlo: el "jingoísmo", que incitaba a la guerra contra los rusos en la segunda mitad del siglo XIX, término y conducta que después cruzó el Atlántico para definir la actitud de muchos en EU ya en la siguiente centuria.

Eso cambió radicalmente en la Guerra de Vietnam, cuando por primera vez el periodismo de una gran potencia cuestionó seria y abiertamente los motivos y la justicia o no de la causa que ya no era para ellos de su país, sino de su gobierno, y que por lo tanto podía y debía ser analizada y diseccionada, exhibiendo no sólo la irracionalidad e inviabilidad del proyecto militar, sino también la manera engañosa y poco transparente en que se conducía.

Parecía que los tiempos patrioteros habían terminado en EU, pero en septiembre del 2001 junto con las torres gemelas se derrumbó la objetividad periodística. De manera comprensible, mas no por ello correcta, muchos decidieron que la mejor manera de contrarrestar la ofensiva de violencia y propaganda de los terroristas islámicos era con una buena dosis de contrapropaganda, autocensura y apoyo ciego e irrestricto a las decisiones y medidas del gobierno estadounidense en su "guerra contra el terrorismo".

Ya hace una semana en estas páginas hablamos de cómo es difícil la cobertura noticiosa de una guerra para los periodistas de las naciones involucradas directamente, pero lo es mucho más cuando se trata de una amenaza terrorista interna o externa, y si a eso le añadimos el componente religioso-cultural que implicaban Osama bin Laden y Al-Qaeda tenemos todos los elementos necesarios para configurar a un nuevo integrante de las fuerzas armadas de las naciones atacadas: los medios de comunicación.

La cobertura de las invasiones a Afganistán primero e Irak después es claro ejemplo de cómo el así llamado "cuarto poder" se convirtió en un elemento más de la guerra de Bush y sus aliados contra la que indudablemente ha sido la mayor y más duradera amenaza al mundo occidental desde la caída de la Cortina de Hierro y el fin del comunismo. Tal vez porque los mismos dueños de los medios de comunicación —empresarios al fin— se dieron cuenta de la magnitud, el alcance y penetración del enemigo, fue que tan fácilmente se plegaron a la "línea editorial" de la guerra, al jingoísmo moderno y a la subjetividad y la parcialidad como manera de hacer periodismo en tiempos de conflicto.

La libertad de expresión es uno de los valores más preciados de las sociedades modernas, y podríamos decir que sin ella no puede haber democracia efectiva ni control y contrapeso a los gobiernos, por más que hayan sido elegidos por el pueblo. Son los medios de comunicación libres los que dan voz y foro a los ciudadanos para expresar sus inconformidades; los que permiten que las minorías puedan expresarse y defenderse de los abusos de la mayoría o de tentaciones autoritarias; los que denuncian excesos, actos de corrupción o incongruencias que de otra manera los ciudadanos no conoceríamos.

Probablemente, las primeras víctimas del terrorismo son precisamente la libertad de palabra, el periodismo serio y responsable, y la capacidad de los ciudadanos para poder expresar lo que piensan. Paradójicamente, el combate al terrorismo hace muchas veces que la objetividad y la veracidad, aliadas y acompañantes indispensables del periodismo libre y serio, se vean afectadas.

Imposible pensar que la censura o la parcialidad sean la vía para combatir al terrorismo, pero ay de aquellos medios o ciudadanos que olviden cuál es el verdadero enemigo de la libertad.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx

‘El Sur’ también existe

Plaza Pública
Miguel Ángel Granados Chapa
CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 15.- El miércoles 10 fue atacada la redacción en Acapulco del diario El Sur. Un comando armado atacó a balazos su edificio, y un tirador entró a la redacción y pretendió incendiar el local, pues derramó gasolina y disparó contra el combustible para hacerlo arder, sin lograrlo. Había 12 personas en las oficinas del rotativo dirigido por Juan Angulo -que se hallaba en la redacción de Chilpancingo- y ninguna de ellas fue alcanzada por los disparos, pues pudieron resguardarse en otras oficinas del periódico.

No es una agresión más, de las muchas que han padecido medios de información en los años y meses recientes. Las instalaciones de Televisa en Nuevo León y Tamaulipas fueron blanco de repetidas agresiones, como ha ocurrido también en Mazatlán, contra las oficinas de los diarios El Debate y Noroeste. En ninguno de esos casos se dañó a persona alguna. El caso de El Sur se parece más al ataque padecido en febrero de 2006 por el diario El mañana, de Nuevo Laredo, donde también los agresores dispararon contra la redacción (con metralleta) y lanzaron una granada, si bien allí lesionaron de gravedad al reportero de guardia.

Otros diarios han sido atacados de modo indirecto, asesinando a algunos de los suyos. Es el caso de El Diario, de Ciudad Juárez, que en menos de dos años perdió a un reportero y a un fotógrafo, y de El Expreso de Matamoros, que apenas hace una semana sufrió el asesinato de un reportero. Cada uno de esos periódicos manifestó su protesta por esos terribles hechos, que los lastiman a profundidad, y en textos sobrecogedores se dirigieron a la delincuencia organizada para saber de qué se trata, o de plano desistieron de interpelar al gobierno porque, en cualquiera de los tres niveles, lo saben inepto para enfrentar la cada día más abrumadora realidad de la violencia sin freno.

Es distinto, sin embargo, mostrar decepción por la inercia gubernamental, a la que se apela igualmente por rutina sin esperar resultado alguno (como hacen los periódicos norteños), a tener que acudir al Ministerio Público en demanda de indagaciones que se truequen en seguridad (porque los atacantes sean identificados y sometidos a la justicia) a sabiendas de que se enfrenta una indisposición agresiva, por lo que no cabe esperar del gobierno estatal ni el mínimo gesto de solidaridad, ni mucho menos eficacia en su indagatoria.

El gobierno de Zeferino Torreblanca ha mantenido una actitud crecientemente hostil contra El Sur. Lo eliminó de las pautas de publicidad oficial, a partir de una suposición doblemente falsa: que la inserción de avisos relacionados con la acción gubernamental es un favor que se acuerda discrecionalmente y sirve para comprar la voluntad editorial; y que con esa determinación El Sur quedaría fracturado y terminaría por cerrar.

Como este último extremo no ha ocurrido, la administración de Torreblanca ha ensayado otros modos de hostigar al periódico. Es probable, por ejemplo, que sonsaque a miembros del personal del diario, que acuden como si obedecieran un instructivo a la justicia laboral, que invariablemente les ha dado la razón y forzado el pago de indemnizaciones. Angulo y sus compañeros de redacción han sido trabajadores de los medios durante largo tiempo y puesto que han estado en posición de padecerlo, lo último que harían sería maltratar laboralmente a sus compañeros.

Un hermano del gobernador demandó civilmente a Angulo y cinco reporteros por daño moral, en que presuntamente habrían incurrido al relacionarlo con una empresa constructora que recibe contratos por asignación directa y no como resultado de una licitación. Alberto Torreblanca tasó su honra en 10 millones de pesos. El asunto no se ha resuelto pero pende sobre la cabeza de los demandados, que de ser condenados perderían sus escasos bienes para poder encarar el adeudo judicial que resultara.

Juan Angulo fue conducido a la fuerza, por agentes de la policía ministerial, a fines del año pasado, a prestar declaración en un procedimiento penal del que tiene conocimiento sólo por su condición profesional. Ante las reiteradas negativas a acudir ante el Ministerio Público, basadas en el hecho de que sólo escribió sobre el asesinato del diputado Armando Chavarría y nada más, fue hostigado con amagos hasta que se consumó su virtual captura, y el propio gobernador se mostró irritado contra el periodista, como si éste pretendiera un fuero. Torreblanca arguyó que si él mismo fue llamado a testificar en el caso, el periodista no tenía por qué eludir una responsabilidad que, digo por mi parte, ni de lejos es semejante a la del gobernador. Torreblanca y Chavarría se hallaban en tan malos términos a la hora del asesinato del segundo, que el primero se abstuvo de acudir al sepelio. De haberse presentado habría incurrido en un acto de hipocresía inadmisible, pues el asesinato de su antiguo rival y colaborador no le ha importado, como lo prueba fehacientemente el que, transcurridos más de 14 meses no se ha avanzado en la averiguación penal correspondiente, si es que hay alguna.

En ese clima espeso, malamente puede esperar El Sur una indagación sobre el ataque sufrido. El aparato de seguridad estatal es inútil, como lo muestra la violencia generalizada que deja una estela de muertes cada día. Ese periódico resistirá, sin embargo, y continuará su labor. Le pido que se inspiren en los versos de Mario Benedetti: "con su esperanza dura,/ el sur también existe... con su fe veterana,/ el sur también existe...(y) que todo el mundo sepa/ que el sur también existe".

Cajón de Sastre
Nacido en San Luis Potosí en 1935, anteayer sábado 13 murió Claudio Obregón, uno de los grandes actores del teatro mexicano. Al llegar de su estado natal a la capital de la República su voz fue aprovechada convertido en locutor de Radio Universidad Nacional, donde al paso del tiempo hizo radioteatro. Aunque también participó en cine y televisión, su vida profesional se desarrolló principalmente en el arte escénico. Participante durante mucho tiempo en la Compañía Nacional de Teatro, llegó a ser allí actor de número y emérito. Representó casi todos los protagonistas masculinos del arte clásico, como el rey Lear. Su actuación más reciente fue en Endgame. Final de partida, de Beckett. Militante activo del Partido Comunista Mexicano, fue candidato a diputado de la Coalición de izquierda en 1979.
Fuente:
www.reforma.com

domingo, 14 de noviembre de 2010

Periodistas mexicanos amenazados podrán refugiarse en España

 El periodismo en México es una actividad peligrosa debido a las amenazas y agresiones de grupos delictivos.


NOVIEMBRE 14.- La protección de los periodistas amenazados de muerte por ejercer su profesión es la prioridad de La Fundación para la Libertad de Expresión de México (Fundalex) y de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC). Ambas organizaciones suscribieron un convenio para que los comunicadores mexicanos agredidos puedan refugiarse en España.

Según EFE, "la APC construye actualmente una Casa de los Periodistas en la sureña ciudad española de Cádiz para dar cobijo a aquellos informadores de todo el mundo cuya vida corra peligro por el ejercicio de su profesión". Actualmente existe un refugio en París, Francia.

La vicepresidenta del APC, Libertad Paloma Jiménez, informó que también se brindará talleres para que, los más afectados, se reintegren a la profesión.

Esta medida se sumará a las medidas que el gobierno mexicano ejecutará para proteger a los periodistas amenazados.
Fuente:
www.clasesdeperiodismo.com
Imagen de CNN México tomada de www.clasesdeperiodismo.com

sábado, 13 de noviembre de 2010

El enemigo de la prensa

Ricardo Trotti
CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 13.- Sería muy simple culpar al crimen organizado de ser el "enemigo común" y el responsable de todos los males en contra de la libertad de prensa, según las opiniones coincidentes de los presidentes de México y Colombia, Felipe Calderón y Juan Manuel Santos, durante la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa en Mérida.

La afirmación es verdadera, pero parcializada. El crimen organizado y, en particular el narcotráfico, es responsable de decenas de asesinatos de periodistas y atentados en contra de medios. Pero también es cierto que mucha de esa violencia proviene de funcionarios inescrupulosos o por la falta de voluntad política para perseguir a los asesinos, hacer reformas legales o limpiar poderes judiciales y policías corruptas.

Calderón prometió que los crímenes contra periodistas se federalizarán, y sistemas estatales de protección. Pero es tal la desconfianza, que hasta el diputado federal de su propio partido, Manuel Clouthier, descree las promesas. "No hay ambiente ni suficiente presión para reformar nada", sentenció; quizás, recordando que ninguno de los 106 asesinatos de reporteros mexicanos en los últimos 20 años fue totalmente resuelto.

Al crimen organizado se le puede achacar la violencia en contra de la prensa, pero es un efecto combatible. Sin embargo, el problema es cuando las agresiones provienen del propio Estado, cuando el gobierno construye un andamiaje legal que le permite transformar sus ataques en actos lícitos y aceptables. Después de todo, lo único que hace es aplicar y hacer cumplir la ley.

En la reunión de la SIP se desenmascararon estas arbitrariedades. En muchos países esa arquitectura legal la denominan "control social", como en Brasil, "nacionalización" de medios, como en Argentina, u observatorios y comisiones gubernamentales con la potestad de encarcelar periodistas, como en Ecuador o Bolivia.

Hay leyes con todas las excusas ya vigentes en Argentina, Bolivia y Venezuela; y proyectadas en Brasil, Costa Rica, Ecuador, Jamaica, República Dominicana y Uruguay. La actitud y la tendencia de los gobiernos es que se debe domesticar a la prensa a como dé lugar, como esta semana desde Brasilia prometió el futuro gobierno de Dilma Roussef, augurando que impondrá una nueva ley de medios a pesar de que haya o no consensos.

Por el contrario, las leyes que están cayendo en desgracia son las que obligan a los gobiernos a ser más transparentes. Las leyes de acceso a la información pública están inactivas, ineficientes o eliminadas, como en Ecuador. Y las proyectadas para transparentar el Estado en el uso de recursos públicos para la publicidad oficial, como en México y Argentina, son rezagadas o engavetadas.

En EU, ningún gobierno había perseguido judicialmente tanto la infiltración informativa como Barack Obama, mientras sus promesas de mantener el internet libre de cualquier intervención estatal, están a punto de desvanecerse con un par de proyectos en el Congreso.

Los gobiernos siguen comprando medios, expropiando a los independientes y cerrando a los considerados opositores. De esta forma, el fiscalizado pasa a ser fiscalizador, revirtiéndose el balance de poderes en la democracia.

El desafío es grande ante este sombrío panorama, pero ninguno tan importante como educar al ciudadano para que entienda que cuando matan a un periodista en México, cierran un canal en Venezuela, apresan a un reportero en Ecuador o denigran a otro en Argentina, no son los periodistas ni los medios los que pierden, sino el derecho de cada persona a saber, a estar libremente informada.

Que haya prensa mala, sensacionalista o tendenciosa no es tan malo, como que se le quite a la sociedad la capacidad de poder elegir y valorar los medios para informarse, dentro de una gama de medios independientes, plurales y diversos. Es ahí donde reside el valor de la libertad de expresión.

Mejor comprendería el ciudadano esta ecuación si supusiera cuán espinosa sería su vida si la información que envía por carta a un amigo o la que circula por su cuenta de Facebook, Twitter o en algún blog, fuera censurada por el gobierno, restringida por ley o lo arrastrara a la cárcel como en Cuba.

Se puede soportar que los delincuentes sean el "enemigo común", pero jamás se debería tolerar que fuera el gobierno, más aun si fue elegido.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx

viernes, 12 de noviembre de 2010

No funcionó protocolo de resguardo a periodistas

Después de que informó sobre las amenazas que recibieron reporteros, El Diario de Chihuahua indicó en su edición del 12 de noviembre de 2010 que no han funcionado los mecanismos de protección de periodistas.
           

CHIHUAHUA, México, noviembre 12- El Foro de Periodistas de Chihuahua y el Colegio de Periodistas de Chihuahua se pronunciaron ayer en contra de las amenazas de muerte que recibieron dos reporteros de El Diario de Chihuahua, por el ejercicio de su profesión, asimismo solicitaron a las autoridades la puesta en práctica de las recomendaciones cautelares para protección de los periodistas amenazados, incluidas en el Protocolo de Seguridad para Periodistas en Situación de Riesgo.

Javier Realyvázquez Quintana, presidente del Foro de Periodistas, dijo que es necesario que se integre  y empiece a trabajar el Comité de Riesgos para los Periodistas Amenazados, que se conformó hace algunos meses, en donde participan autoridades estatales, la Comisión Estatal de Derechos Humanos, entre otros, para definir las acciones a seguir y garantizar la seguridad de los comunicadores amenazados.

"Es el exhorto que hacemos, que se integre el Comité y se atienda a la brevedad el caso porque este tipo de situaciones no pueden esperar", manifestó.

Por su parte, el Colegio de Periodistas, a través de un comunicado expresó su rechazo a estas amenazas de muerte, "contra dos compañeros reporteros del Diario de Chihuahua, que han sido objeto de llamadas telefónicas por cumplir con su trabajo, lo que los ha obligado a salir del país, ante la falta evidente de respeto a la libertad de expresión, luego de subir una nota y fotos de un incidente donde una persona perdió la vida".

Con esto se evidencia el riesgo del ejercicio periodístico y los límites a la libertad de expresión que prevalecen en el estado y en el país, por lo que exigimos de las autoridades respectivas atención y solución a todas estas manifestaciones de represión para expresarse libremente que pone en riesgo la vida, así como la puesta en práctica de las Recomendaciones Cautelares para Protección de los Periodistas amenazados, expresadas en el Protocolo de Seguridad para Periodistas en situación de riesgo.

El comunicado abundó: "exigimos se agilice el trámite para brindar apoyo a los compañeros amenazados, aplicando los recursos de protección cautelar previstos en estos casos, en el entendido que como Colegio y como integrantes de la Mesa Técnica y del Comité de Riesgo del Protocolo de Seguridad, interpusimos en conjunto con los compañeros, el reporte puntualmente ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, que realiza los trámites consecuentes para brindar apoyo a los compañeros.

Sin embargo, por parte de las autoridades del Gobierno Estatal, obligado por el Protocolo a garantizar medidas de seguridad para el ejercicio del periodismo, no se han integrado los representantes acordados a la Comisión del Protocolo de Seguridad, para poder iniciar con prontitud los trámites relacionados con las contingencias de inseguridad que sufren los periodistas.
Fuente: www.eldiariodechihuahua.com