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martes, 23 de noviembre de 2010

La novela que recrea casos de la relación prensa-narco

En la novela Tijuana: Crimen y olvido, Luis Humberto Crosthwaite expone la violencia hacia los periodistas.


CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 23.- A partir de su experiencia como periodista y de su relación con reporteros que cubren la fuente de nota roja en Tijuana, Luis Humberto Crosthwaite recrea en Tijuana: Crimen y olvido (Tusquets), el tema de la violencia hacia los periodistas infringida por el narcotráfico.

La esquina más recóndita del límite entre México y Estados Unidos vuelve a ser escenario de la nueva novela de este narrador que ha hecho de la frontera su territorio literario. Él mismo lo confiesa: "A mí la frontera me interesa en toda su trama, su tragedia, en todo su amor y su comedia".

¿Hasta qué punto un reportero está dispuesto a exponer su vida para obtener una nota?, es el planteamiento que Crosthwaite traza en este libro, a través de la historia de un escritor que investiga la desaparición inexplicable de una joven periodista de Tijuana y la de un escritor de San Diego.

En entrevista, el escritor relata los pormenores de su experiencia como periodista y sus intenciones por escribir sobre un tema tan escabroso.

¿De dónde parten esos casos que recreas en la novela?
Conozco y tengo amigos que son reporteros, que cubren la fuente de nota roja en Tijuana y me interesé en otros casos, pero en especial los que estaban a mi alcance. Entonces empecé a buscar los casos que habían sucedido en Tijuana, en San Diego, o en ciudades como California.

Hice mi propia labor de investigación mucho más allá de lo que típicamente hace un novelista, me interesaba que fuera mucho más fidedigno y que tuviera la seriedad de la no ficción y además elementos de ficción que me daban la oportunidad de cerrar, hilar cabos que quedarían abiertos.

¿Qué tan difícil o fácil es articular los elementos literarios y los de investigación periodística?
Desde un principio estuvo planteada de esta manera, no me cuesta tanto trabajo, me he dedicado mucho tiempo al periodismo pero también a la ficción. Finalmente cuando los hilos de periodismo y literatura mezclados no se notan, es cuando ya notas un trabajo con más seriedad.

Hay para mí un modelo de novela de no ficción en México que es Asesinato, de Vicente Leñero, una novela de rigor periodístico profundo, así como A sangre fría, de Capote.

En mi caso, las desapariciones que se dan por el narco, es imposible investigar, lo que tienes generalmente es un rompecabezas, cómo le haces, cómo juntas cosas que no embonan; utilizas herramientas de la ficción.

Mencionas que existe un momento en que un periodista cruza la línea, ¿En algún momento sentiste que tú cruzabas esa línea?
Lo que yo sentí fue el temor en mi personaje. No sentí que estaba cruzando esa línea pero un reportero no creo que lo perciba. Se me hace muy difícil imaginarme a un reportero que sepa que por lo que está escribiendo se va a morir. De repente te enteras de periodistas que dejan a sus familia, a sus hijos sin papá, y pues creo que no vale la pena.

Yo tuve varias conversaciones con Blancornelas y la situación es esa, él no supo exactamente cuando cruzó esa línea. Empezó a escribir sobre los políticos y empezaba a escribir cosas del narco y de repente los Arrellano Félix ya lo tenían en su lista, entre la gente que había que desaparecer. ¿En qué momento cruzó la línea? No hay una respuesta.

¿Por qué crees que los periodistas son tan vulnerables, principalmente ante el narcotráfico?
Los matan porque son fáciles de matar. Los reporteros nunca se sienten en peligro, los editores siempre dicen que les advirtieron. Yo diría que es importante analizar las coincidencias que existen entre todos los periodistas muertos y desaparecidos. Algo que me parece muy frecuente es: el periodista nunca se sintió en peligro, el editor le advirtió.

¿Qué mueve al reportero a investigar en dónde sabe que es peligroso?
La adrenalina, en las noticias de nota roja. La nota del narco lo mueve también la competencia con otros medios, la misma que motivan a los editores.

¿Qué deberían hacer las instituciones o los medios de comunicación para proteger a los periodistas?
Yo como editor protegería más a mis reporteros, pero lo que pasa es que el morbo vende. Desde el punto de vista de la comercialización, los editores dicen: pues quizá no es problema mandar a los muchachos al campo de batalla, así que hay que pedirles las notas más jugosas.

Se debe evaluar a nivel de editores, dueños de periódico y directores, que decidan qué publicar y qué no, ya muchos periódicos lo han hecho. Esa es la manera de protegerse, así se da en todos lados, pero lo que pasa es que como andan en la calle, son vulnerables. Ves una nota publicada, firmada por redacción, al investigar es muy fácil dar con las personas que cubren esa fuente. No corre peligro nada más el periodista, corre peligro también la familia, es una cosa tremenda…

¿Hubo algún caso de asesinato en tu círculo cercano de amigos o compañeros que te haya marcado?
No sólo eso, yo conocí y tuve la oportunidad de trabajar con Héctor "El Gato" Félix Miranda, en el seminario Zeta; conocí cercanamente a Francisco Ortiz Franco que también fue uno de los muertos del Zeta, conocí muy cercanamente a Blancorlelas; vaya ha sido un circulo que me ha pesado mucho. Yo vivía cerca del ABC y conocía a los reporteros, cuando comencé a escribir mi relación con Blancornelas era muy cercana, hasta la fecha es la única persona que cuando me veía en la calle me reconocía y me saludaba, él siempre era muy amistoso, muy cálido. Su casa está a tres cuadras de la mía, la transformación de ver su casa amurallada fue para mí muy doloroso, porque nadie debería vivir eso, mucho menos por lo que escribes. Si yo tuviera que vivir eso por escribir un libro, no sé... para mí no es palpable, ni imaginable, me parece una situación muy dolorosa.

De hecho Blancornelas, aunque con el nombre de Samuel Ordoñez, aparece en la novela…
Así es, es el mismo Blancornelas, sólo que cambie los nombres.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx
Imagen tomada de www.eluniversal.com.mx

sábado, 13 de noviembre de 2010

Kapuscinski: ¿literatura o periodismo?

El libro Kapuscinski non fiction ha causado polémica en Polonia.


MADRID, España, noviembre 13.- Meses después de su publicación, la biografía de Ryszard Kapuscinski (Pinsk, 1932-Varsovia, 2007) todavía se exhibe en los escaparates de las librerías de Varsovia. El libro se ha convertido en un récord y no solo de ventas. Es difícil dar con gente en la capital polaca que no sepa quién fue Kapuscinski. Muchos no ven con buenos ojos su activa militancia en la Polonia Popular dejando de lado si nos contó toda la verdad en sus libros y reportajes. El tercer punto de discordia lo ha puesto Alicja, pediatra y viuda del periodista, que no parece nada contenta con que se haya aireado el pasado mujeriego de su esposo. De hecho ya prepara una tercera demanda -perdió las dos anteriores- contra Artur Domoslawski, autor del libro, que ha debutado con esta biografía en el género y se confiesa harto: "Una y no más".

Desde luego supo crear su propia leyenda. Monaguillo antes de la entrada de los rusos, miembro activo de las juventudes comunistas después, poeta..., Kapuscinski solía implicarse en todo lo que le rodeaba. No era un tipo pasivo. "Jamás de los jamases se debe abandonar una pasión", decía el creador del reportaje literario polaco. Libros como El emperador o El Sha eran y siguen siendo magníficos, pero ahora sabemos que "coloreaba" sus reportajes y que utilizaba licencias poéticas desde que empezó a redactar reportajes para completar algunos textos. Todo eso se desprende de la lectura de las más de seiscientas páginas de Kapuscinski non fiction, un trabajo exhaustivo de tres años, elaborado sin ánimo inquisitivo, desde el cariño y el respeto, a base de entrevistas y testimonios de más de un centenar de personajes. El reportero de Gazeta Wyborcza añade que "desde el principio quiso ser un gran escritor y experimentó con las formas hasta acabar por cruzar la frontera que separa el periodismo de la ficción, aunque poseía el talento de capturar el espíritu del lugar". Kapuscinski no pasaba lo que los americanos denominan el fact chucking. Expertos en Etiopía le reprochan algunas de sus afirmaciones sobre Haile Selassie -parece que el perrito del emperador no se orinaba en los zapatos de los cortesanos- y la editora norteamericana no sacó realmente nada en claro cuando trató de chequear para su publicación en Estados Unidos si algunos de los testigos tenían nombre y apellido, pero el libro no ha perdido su valor. El problema es dónde colocar a Kapuscinski en las estanterías: ¿literatura o periodismo?

Al margen de los datos puramente biográficos, Kapuscinski non fiction desvela cómo se vivía en su país en los años de la Polonia Popular donde todo pertenecía al Estado y cómo un grupo de sindicalistas, apoyados por el papa Juan Pablo II, fueron capaces de tumbar al régimen. Para explicar lo ocurrido en esos años los polacos suelen contar en tono irónico que dentro del campo de concentración que fue el comunismo, ellos ocupaban el barracón más divertido porque dentro de su país existía cierta libertad de expresión cultural. Sin ella no hubieran sido posibles personajes como Szymborska, Wajda, Kieslowski y el propio Kapuscinski.

Educado en la cultura bolchevique, Kapuscinski no estaba acostumbrado a la crítica: "¡Pero qué desgraciado! ¿Cómo se puede escribir eso?", argumentaba ante las acusaciones, aunque jamás contestó a ninguna opinión contraria a su trabajo. Claro que en Polonia casi todos le adoraban y solo al final de su vida surgieron las primeras voces discordantes. En el ambiente político de revanchismo que se vivió en la década de los noventa, donde cualquier cargo público era investigado para descubrir su pasado comunista por el recién creado Instituto de Memoria Nacional donde se guardaban los documentos de la policía secreta, Kapuscinski vivió con verdadero enojo que se revisara su pasado. "¿Qué tipo de verdad es esa?", protesta su biógrafo. "Polonia era una dictadura y la mayor parte de la gente participaba en el sistema, pero él nunca ocultó sus ideas ni cuando estaba a favor ni cuando se puso en contra". Sobre su colaboración con el espionaje de su país, Kapuscinski en ocasiones pasaba, por el mismo procedimiento por el que enviaba las crónicas, informes sobre países como Kenia, Chile, Etiopía o Angola que leían un círculo limitado y la cúpula del partido. Al pasarlos, simplemente advertía de que no eran para publicarse y, al menos un par de veces, esos textos se publicaron por error ocasionándole no pocos problemas.

Biógrafo y autor se conocieron en la redacción de Gazeta Wyborcza, donde trabajaban ambos. Un artículo sobre Colombia llamó la atención del maestro y pidió conocerle. Aquella conversación se alargó nueve años durante los que se hicieron inseparables. "Compartíamos una manera de ver las cosas, nunca pensé mientras vivía que acabaría escribiendo sobre su vida".
Fuente:
www.elpais.com
Imagen tomada de www.elpais.com

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Kapuscinski, ¿arrogante pero no un mentiroso?

 Para el historiador español José María Faraldo, las acusaciones contra el periodista polaco "no se sostienen".


MADRID, España, noviembre 10 (EFE).- Ryszard Kapuscinski pudo pecar de arrogante, pero no de mentiroso", asegura el historiador de la Universidad Complutense de Madrid, José María Faraldo, quien ha prologado la primera biografía literaria del famoso periodista polaco, que ahora se publica en España.

Escrita por Beata Nowacka y Zygmunt Ziatek, Kapuscinski, una biografía literaria, editada en España por Malabares, se acerca al reconocido autor de Ébano para poder desentrañar la fórmula magistral que éste empleaba en sus admirados escritos.

Y en su edición española incluye también un apéndice que le pone "los puntos sobre las íes" al periodista polaco Artur Domoslawski, autor de la polémica obra Kapuscinski non-fiction.

Los autores enfrentan y rebaten las acusaciones de Domoslawski, quien en su obra -que también se publica estos días en español- acusa a Kapuscinski de inventarse algunos de los hechos que relata en sus libros, y de haber contribuido de forma consciente a hacer de sí mismo una leyenda viva.

"Son acusaciones que no se sostienen", considera Faraldo, quien remite al libro de Nowacka y Ziatek, quienes "llevan muchos años trabajando sobre Kapuscinski y prueban las cosas con fuentes y materiales", a diferencia de Domoslawski, a quien ambos autores acusan de imprecisión, "reduccionismo, simplificaciones intolerables y reproches forzados".

Para Faraldo, la polémica biografía Kapuscinski non-fiction no es sino "el libro de un antiguo discípulo que se rebela contra su maestro, no es el libro que se esperaba de él".

Cabe recordar que Domoslawski mantuvo una cercana relación con Kapuscinski en los últimos años de vida de éste y le entrevistó varias veces.

Pero más allá de la polémica -que viene de largo, pues ambos libros se publicaron en Polonia tras la muerte de Kapuscinski en 2007-, el historiador remarca el interés de esta biografía "de lectura obligada" por cuanto en ella se describe cómo el autor de Viajes con Heródoto llega "a ser lo que es y de qué forma se enfrenta a la profesión".

Creador de un género
"Nos encontramos con un Kapuscinski que curiosamente es más escritor que periodista, y esto es interesante porque la idea que tenemos de él como reportero se basa en libros como Ébano o El imperio, creados no en su actividad como periodista, sino como escritor", señala el especialista español.

A juicio de José María Faraldo, Nowacka y Ziatek demuestran en esta obra que el biografiado "creó un género literario nuevo, con un acento especial, que es todo su conocimiento de los países del Tercer Mundo".

Además, argumenta que la forma en que en este libro se desvela el proceso de creación literaria de Kapuscinski desmonta las acusaciones de invención recogidas en el de Domoslawski.

"Estos autores demuestran estupendamente cómo él creaba sus libros a partir de determinados materiales, y nunca lo escondió", subraya.

"Kapuscinski pudo pecar de arrogante, pero no de mentiroso. Arrogante en el sentido de que había dejado entrever que era más de lo que era, o que había conocido a personas a las que realmente no había podido conocer (como el Che Guevara). Fue una forma de creación de su propio personaje", comenta José María Faraldo.

El especialista de la Universidad Complutense de Madrid destaca lo interesante de que esta biografía "crítica pero empática", la primera que se publicó sobre el informador polaco, muestre "su trayectoria vital desde aquel jovenzuelo que publicaba poesía hasta el hombre que vuelve a su país y se convierte en un maestro de escritores y periodistas". "No se le toma como un dios, sino como lo que era, un hombre", concluye el historiador español.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx
Imagen tomada de www.eluniversal.com.mx

lunes, 8 de noviembre de 2010

Presentan el ‘Diccionario Incompleto de la Globalización’

CIUDAD DE MÉXICO, México, noviembre 08.- La globalización es la manifestación y el síntoma del cambio mas profundo y radical que ha experimentado el mundo para llegar a una sociedad del conocimiento, y para hacerle frente, el ingeniero Alejandro Alcocer escribió el Diccionario Incompleto de la Globalización, que presentó hoy.

En un acto realizado en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, de la UNAM, Alcocer dijo que la globalización es el fenómeno de los tiempos actuales, es una de las palabras más gastadas en casi todas las conversaciones y todos los textos y es piedra fundacional de una corriente de pensamiento que tiene tantos adeptos como detractores.

Indicó que el libro también pretende ser un marco de referencia que cuide algunos términos relevantes relacionados con las ciencias económico-administrativas, para contribuir a una discusión inteligente y constructiva sobre el fenómeno que determina el rumbo de los hombres y las naciones.

Por su parte, el escritor y periodista José Luis Trueba Lara, agradeció al autor ese texto, toda vez que reconoció no sentirse firme en el tema de la globalización y una herramienta como ésta es de mucha ayuda.

"Normalmente en mi caso no sé mucho de eso, por ello agradezco que alguien me pase una muleta para que yo pase como inteligente", concluyó.

El coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, Sealtiel Alatriste, destacó que la editorial trabajó en el diccionario de manera pulcra, porque es indispensable en las labores del mundo económico, administrativo, gubernamental y para la actividad general.
Alcocer es miembro de la generación de ingenieros 1954, ha ocupado diferentes cargos relacionados con el desarrollo social y la administración pública y privada.

Ha participado en la elaboración de 56 libros y documentos oficiales como asesor, compilador y autor.

Fue director adjunto del fideicomiso para el Desarrollo Económico y social de Acapulco, Guerrero, subdirector de la Dirección General de Organización y obras de Parques Nacionales para la Recreación.
Fuente:
www.notimex.com.mx

viernes, 5 de noviembre de 2010

La vida secreta de Kapuscinski

El escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski.


MADRID, España, noviembre 05.- Por fin, la traducción al castellano de la biografía escrita por Artur Domoslawski, Kapuscinski non-fiction, que tanto revuelo causó en Polonia, permitirá al lector hispánico formarse su propia opinión acerca de los mimbres con que fue tejiendo su obra el gran periodista polaco, creador de un nuevo género literario inclasificable. El libro viene precedido de polémica y de los intentos, rechazados por la corte polaca, de paralizar la edición por parte de la viuda del escritor.
¿Qué ocurre con este libro? ¿Hay motivos para el escándalo? Su autor, discípulo y amigo de Kapuscinski (1932-2007), colega suyo en el periódico Gazeta Wyborzca, lo abre con un comentario de García Márquez a su biógrafo Gerald Martin: "Todas las personas tienen una vida pública, una privada y una secreta". La cita sugiere que su autor va a abrirse paso en esta última dimensión, distanciándose, y no sin motivos, de la mojigata biografía de Martin. En todo caso, no es fácil hacer una lectura crítica de una figura, de una trayectoria, cuando en torno a ellas se ha gestado un culto tal vez irreflexivo pero unánime.

Pocos mitos superan la terrible prueba del revisionismo. Cuanto más ha contribuido el personaje a la gestación de su propia leyenda, más posibilidades tiene de que, un día u otro, se contraste con datos verificables y se venga abajo. Por lo visto, Kapuscinski no era ajeno al riesgo contraído y eso le hacía vulnerable a cualquier crítica. Según Domoslawski, la conciencia de sus puntos débiles enturbió el éxito internacional cosechado en los últimos años de su vida.

Su deontología periodística era discutible, sostiene el biógrafo, supuestamente escindido entre el respeto intelectual y moral que merece el biografiado y los puntos oscuros observados que pueden agruparse en tres categorías. Sus libros no son del todo veraces: están hinchados en cuanto a las situaciones de peligro vividas realmente por Kapuscinski (sobre todo en África), favoreciendo una imagen de reportero intrépido y temerario que no coincide con las fuentes orales recogidas; sugieren familiaridades (con el Che, con el líder africano Lumumba) que no llegaron a producirse y hay confusiones que sorprenden, dada la seguridad que desprende la escritura de Kapuscinski. Nada, sin embargo, que no pudiéramos deducir por nosotros mismos, conociendo su pasión por la creación literaria. Pero la cuestión plantea un conflicto muy serio en cuanto a los límites del periodismo. ¿Dónde están esos límites? Kapuscinski afianzó la alianza, cada vez más estrecha, entre periodismo y literatura (hay quien los confunde), deteriorando la condición de testigo que se otorga al periodista y que es el fundamento de su credibilidad, para potenciar la del creador que aspira a la trascendencia.

Servicios de espionaje
El segundo grupo de reproches tiene que ver con su relación con el Partido Comunista Polaco (POUP): ingresó en abril de 1953, cuando Polonia atravesaba su trienio más negro, coincidiendo con el final de Stalin. Tenía 21 años. Domoslawski se pregunta por qué se hizo comunista Kapuscinski, cuando ya se sabía que era un sistema tiránico. Algunos no se afiliaron, renunciando con ello a las prebendas que suponía ser miembro del partido. ¿Hubiera podido cumplir su sueño de cruzar la frontera y conocer otros lugares, de no contar con su apoyo? El tema de su activismo político explota en el capítulo titulado "La carpeta" cuando se descubre su colaboración con el servicio de inteligencia polaco.

Los datos son innegables, Kapuscinski prestó servicios de espionaje durante sus viajes al extranjero. La pregunta es: ¿en qué consistieron esos servicios? Porque una vez repuesto el lector del susto, se da cuenta de que a nadie perjudicó: sus informes eran insustanciales, el peaje que tuvo que pagar en los años 60 para viajar como corresponsal de la agencia PAP. El reproche que puede hacérsele a Kapuscinski (como antes a Günter Grass, por lo mismo) es que no afrontara después los errores cometidos en el pasado, porque tuvo la oportunidad de hacerlo. Comprendemos su silencio: en 1989 el ambiente no era propicio en Polonia para reconocer la colaboración con el régimen comunista. Su imagen hubiera resultado muy dañada, ¿no fue humano confiar en que con un poco de suerte nunca se sabría?

Pero el reproche más serio debe hacerse a Domoslawski por el tono de permanente acusación utilizado en el libro, sea pertinente o no. Porque a nadie se puede acusar de tener buen olfato para las amistades, ser un hábil negociador cuando uno se juega la vida, mantener relaciones extraconyugales o haber descuidado la educación de su única hija. El biógrafo hace bien preguntándose cómo fue la vida privada de un periodista que siempre estuvo de viaje, pero se equivoca en el modo de expresar lo que ha sabido de ella, manteniéndola permanentemente bajo una luz inquisidora. Porque no estamos ante un cínico oportunista que merece ese tratamiento, sino ante un gran hombre, un solitario que vivió absorto en su personal juego con el mundo y la necesidad que sintió de describirlo.
Fuente:
www.abc.es
Imagen tomada de www.abc.es

jueves, 4 de noviembre de 2010

‘Todo es ficción, pero todo es verdad’

 Manuel Rivas aborda el narcotráfico en las rías gallegas en su nueva obra.


MADRID, España, noviembre 03.- Brétema es un nombre imaginario, pero nada de lo que allí ocurre lo es. En Todo es silencio, la última novela de Manuel Rivas (que publica Alfaguara cuatro años después de la última, Los libros arden mal), aquello que no se quiere decir, ni ver, ni escuchar subyace. Como si más que un thriller, fuese una tragedia. "La cualidad de la literatura es que muestra a un tiempo la cara y la cruz gracias a una herramienta principal, la ironía", asegura el escritor. El asunto de la novela es el narcotráfico en las costas gallegas, al que Rivas se ha acercado durante años como periodista. "Esta vez necesitaba que fuera una ficción precisamente para ir un poco más allá. Como decía John Ford de sus películas, aquí todo es ficción pero todo es verdad".

La tentación de hacer un libro-reportaje no existió, según el escritor gallego. No solo porque ya existen precedentes "estupendos", sino porque, para él, la literatura era la manera de profundizar en un asunto de histórica complejidad. Novela de personajes, Todo es silencio pretende ser un libro "con esa ficción que destapa, la que avanza contra la estupidez". "La imaginación", añade, "no es un producto de la fantasía, la imaginación es la prolongación de la memoria, es la levadura con la que se fermenta esa memoria".

La narración arranca con una frase ("La boca no es para hablar. Es para callar") que podría explicar el origen de esa localidad enferma y llena de secretos, Brétema, que en gallego significa niebla. "Es un lugar psicogeográfico, ¡me encanta esa palabra de los situacionistas! Brétema no se corresponde con un pueblo pero sí con una geografía", dice el autor de El lápiz del carpintero, que apunta al mar como personaje fundamental de una trama sobre el poder, la corrupción y el crimen. "El mar da la vida y da la muerte. Habla por sí mismo. Su sonido se reconoce, y siempre habla de recomenzar. Habla a través de signos, es un hablar iconográfico, habla con lo que transporta, lo que llega, lo que desplaza o lo que vomita. El mar habla con signos y cada cosa que expulsa es el signo de una época. Aquí el mar empezó echando naranjas y acabó echando muertos, entre los dos llegaron fardos de cocaína".

Es la droga del poder, añade Rivas, "la del capitalismo mágico" que regía la filosofía de unos capos que en la novela afirman que "mientras se trabaja no se gana dinero". Para Rivas, lo que impidió la consolidación de esa mafia fue la reacción de las madres contra la droga: "Ellas acabaron con el silencio y con la suspensión de las conciencias".
Fuente:
www.elpais.com
Imagen tomada de www.elpais.com

martes, 2 de noviembre de 2010

Con Ryszard en el psicólogo

El periodista Ryszard Kapuscinski 
en una imagen de 1994.


MADRID, España, noviembre 02.- ¿Qué ha trascendido de Kapuscinski non-fiction, la biografía poco complaciente del periodista polaco escrita por su amigo Arthur Domoslawski (y recién editada en España por Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores)? Básicamente, dos cosas: el adulterio continuado y las frecuentes chapuzas periodísticas del ganador del Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación de 2003.

Pero en las 600 páginas del libro se encuentran muchas más cosas. Se encuentra, sobre todo, un retrato psicológico lleno de complejidad sobre Kapuscinski, que, en contra de la imagen encantadora que nos legó, estuvo llena de recovecos, zonas oscuras y frustraciones.

Salvar su alma
Una de las primeras claves para entender a Kapuscinski tiene que ver con su fe ideológica. Después de la Guerra Mundial, el periodista creía sinceramente en el Estado Comunista que se estaba implantando en su país. Sin embargo, hacia 1956, Kapuscinski ya estaba desencantado con el rumbo de la Polonia Popular, que se había deslizado hacia el totalitarismo. Para evadirse de esa frustración, Kapuściński encontró un consuelo: viajar por el tercer mundo. Viajar y vivir otras revoluciones más nuevas y más puras y sustituirlas unas por otras: Etiopía, Angola, Bolivia, Chile, Irán... Según Domoslawski, uno de los propósitos de Kapuscinski en estos viajes fue el de salvar su alma revolucionaria.

Lleno de complejos
Kapuscinski era un chico de provincias y pobre que accedió a la literatura relativamente tarde. Nunca pudo superar la incomodidad que le producía ese origen humilde ante sus compañeros varsovianos, más sofisticados y cultos. Sus conferencias y actos públicos eran sosos y sus reflexiones en abstracto, cuando se ponía intelectual, sonaban bastante naíf... Kapuscinski se sentía un impostor en el mundo de la cultura y, por eso, vivió acomplejado. Además, el periodista había deseado, por encima de todas las cosas, dedicarse a la literatura. No le llegó el talento, o la perseverancia, o la suerte... Por eso, según Domoslawski, Kapuscinski incurrió en tantas imprecisiones, exageraciones o, directamente, fabulaciones en sus crónicas. El periodismo, en el fondo, le sobraba.

Atormentado
Kapuscinski vivió los últimos años de su vida lleno de temor. Polonia vivía una especie de caza de brujas contra los antiguos comunistas y el periodista, que había evolucionado desde la ortodoxia hacia posiciones muy críticas con el Partido, sabía que le harían pagar su éxito durante los años de la Polonia Popular (de hecho, su 'ajusticiamiento' en los medios se produjo cuando ya había muerto). Por eso, los frecuentes ataques de ira en sus últimas entrevistas. Y por eso, su costumbre de negar el saludo en público a los viejos correligionarios caídos en desgracia.

Pragmático
En la biografía, Kecenas de testigos coinciden en su recuerdo íntimo de Kapuscinski. Era amable y complaciente, escuchaba con atención, hacía sentir bien a su interlocutor... pero no se mojaba nunca. Lo mismo ocurrió con su carrera político/profesional, un ejercicio de equilibrio formidable. Cuando irrumpió el sindicato Solidaridad en el norte de Polonia, por ejemplo, Kapuscinski se implicó estrechamente con sus líderes, sin dejar de ser un niño mimado del Gobierno de Varsovia.
Fuente:
www.elmundo.es
Imagen tomada de www.elmundo.es

lunes, 1 de noviembre de 2010

La entrevista, género periodístico efectivo

CIUDAD DE MÉXICO, México, octubre 30.- Como parte del programa Noche de Museos que apoya la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, a través de la Coordinación de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural, la periodista Jacaranda Correa, el novelista Gerardo de la Torre y el escritor Alejandro Toledo se reunieron la noche del miércoles en el Museo del Estanquillo para conversar sobre literatura y periodismo, a propósito de la reciente publicación del libro A sol y asombro, de Toledo.

El libro, editado por el Conaculta, reúne entrevistas que Toledo realizó durante su faceta de periodista a figuras literarias como José Saramago, Jaime Sabines, al filósofo Fernando Savater, hasta figuras deportivas como Fernando Marcos y el torero Silverio Pérez.

Con un ambiente fresco y placentero que brindaba la terraza de este recinto, los participantes conversaron sobre el género de la entrevista como una herramienta periodística muy eficaz, "pero mal aprovechada actualmente".

Durante su intervención, Gerardo de la Torre bromeó sobre la autenticidad de las entrevistas, acusando a Toledo de inventarse esos personajes que describe en su libro.

"Gracias a su formación literaria, Alejandro sabe narrar estas entrevistas pero hay algunas que cuando uno las lee podría pensar que se trata de personajes de ficción que Alejandro se inventó, se los entrevistó y los puso allí, y no lo digo tan a lo loco por que Borges así lo hace en un cuento".

No obstante, destacó la capacidad de Toledo como periodista, y en particular como entrevistador. "En términos de entrevistador, Alejandro sabe escuchar, sus preguntas están casi ausentes, deja que el otro hable", dijo.

El documental como ensayo narrativo
La conductora del programa de televisión El Rotativo, Jacaranda Correa, calificó los textos compilados en A sol y asombro como entrevistas-ensayos, que a su vez pueden leerse como minicuentos. "Son entrevistas, que pueden ser ficción o verdad, pero al final de cuentas nos describe a estos personajes, Alejandro eleva una simple entrevista a término de ensayo".

Por otra parte, la periodista mencionó el complicado trabajo que implica hacer periodismo narrativo en televisión. "Para un público de televisión escuchar una entrevista o un reportaje ensayístico no es muy fácil porque normalmente estamos muy acostumbrados a un lenguaje bastante pobre y muy alejado a lo que yo llamaría periodismo narrativo, no se puede hacer lo mismo que en un periodismo literario que pienso que es aquel que se goza, donde se juega con las palabras".

Sin embargo, aseveró que el género televisivo que más se acerca a un ensayo narrativo, sería el documental, porque permite jugar con las imágenes.

Mientras tanto, Alejandro Toledo que permaneció sereno ante las "acusaciones" y elogios hacia su libro, señaló que así como en la prensa escrita existen los géneros mayores como el reportaje, la entrevista y la crónica, el documental es un formato viable para hacer periodismo de fondo en televisión.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx

Del contrabando de tabaco al 'silencioso' narcotráfico a gran escala en Galicia

MADRID, España, octubre 31.- El poder y la corrupción. Del contrabando de tabaco a las grandes redes de narcotráfico. Manuel Rivas se introduce en los círculos del crimen gallego que rodean y corrompen la condición humana en su nuevo libro Todo es silencio (Alfaguara).

El escritor parte de sus experiencias periodísticas en las que trata el mundo de narcotráfico en Galicia que, finalmente, acabó muy cerca de controlarlo todo. Ya no sólo el poder social sino también las instituciones en incluso la vida de la sociedad.

Una obra que no sólo se centra en la amistad de tres amigos (Brinco, Fins y Leda) sino que trata de los diferentes rumbos que toma la vida de cada uno de ellos, separados al final a un lado y a otro de la ley.

Todo es silencio está centrada en principios de los años 80 pero tuvo su caldo de cultivo en la década de los 60 cuando los barcos asentados en las aguas gallegas constituían un "constante trajín de tabaco".

Un pueblo junto al mar, "la gran frontera"
Desde Colombia "necesitaban un muelle de desembarco en Europa" y el punto elegido por los carteles es Galicia ya que, geográficamente, "el mar es la gran frontera", tal y como explica Manuel Rivas. Y que escribe en su novela, "hay fronteras, hay contrabando".

Todo este 'negocio' movió "mucho dinero, mucho poder y muchos medios" hasta el punto de que, "hubo penetración en espacios políticos y en instituciones".

La obra Todo es silencio se centra en Brétema, una población imaginaria que puede ser "cualquier" pueblo gallego. Allí, Mariscal -principal protagonista de la novela y capo contrabandista- es quién tiene el poder siendo dueño de prácticamente todo. Un personaje que destaca por su desfachatez y su cinismo.

Una persona elocuente que demuestra "quién tiene la palabra" y, por tanto, el poder. La introducción de sus marcas del lenguaje, como es el latín, "lo identifica como elemento de poder", destaca Rivas. Esta 'marca' también la utiliza como "una máscara de dominio" y que "lo señala como jerarca". Estas ansias de poder producen que, "al final quieres poseerlo todo".

Los personajes, pese a no ser biográficos "son muy auténticos", puntualiza el escritor y periodista. "Es ficción pero es verdad". Cada uno de ellos parten de unos "arquetipos" pero todos acaban siendo "arrastrados por el destino". El propio Rivas explica como, conforme avanzaba la escritura de su obra los personajes fueron rompiendo con su sino.

Y todo dejó de ser silencio
"La boca no es para hablar. Es para callar". Este comienzo del libro no es casual. Todo tiene su porqué y, en este caso, se centra en que la sociedad gallega callaba. "Tienen boca y no hablan. Tiene ojos y no ven. Tienen oídos y no oyen", escribe Rivas en su obra. Sólo cuando la población consigue hablar, el negocio sale a la luz y se 'conoce' y, por tanto, denuncia. Gracias a que 'las bocas hablaron' y todo dejó de 'ser silencio', el narcotráfico no convirtió Galicia en la camorra o mafia siciliana. "La sociedad civil lo impidió", destaca el escritor.

Un papel importante lo tuvieron "las madres" que lograron denunciar los negocios de la droga así como los medios de comunicación. El fisco también golpeó al narcotráfico. Pese a que fueron "redes muy fuertes" lograron desaparecer convirtiendo el problema en "tráfico de contenedores".

Una de las citas de Todo es silencio reflejan a la perfección la situación gallega respecto a los jóvenes: "Mientras trabajas no ganas dinero", una "atracción a los jóvenes" que lleva a lo que Rivas califica como "capitalismo mágico". No sólo en la comunidad sino en todas partes, "es una atracción para los jóvenes" que buscan 'lo fácil' de este negocio.
Fuente:
www.elmundo.es

jueves, 28 de octubre de 2010

Cómo comencé a escribir

El editor Cristóbal Pera trabajó con Gabriel García Márquez en la búsqueda y edición de sus 22 discursos más importantes.


CIUDAD DE MÉXICO, México, octubre 28.,- Caracas, Venezuela, 3 de mayo de 1970.

Primero que todo, perdónenme que hable sentado, pero la verdad es que si me levanto corro el riesgo de caerme de miedo. De veras. Yo siempre creí que los cinco minutos más terribles de mi vida me tocaría pasarlos en un avión y delante de veinte a treinta personas, no delante de doscientos amigos como ahora. Afortunadamente, lo que me sucede en este momento me permite empezar a hablar de mi literatura, ya que estaba pensando que yo comencé a ser escritor en la misma forma que me subí a este estrado: a la fuerza. Confieso que hice todo lo posible por no asistir a esta asamblea: traté de enfermarme, busqué que me diera una pulmonía, fui a donde el peluquero con la esperanza de que me degollara y, por último, se me ocurrió la idea de venir sin saco y sin corbata para que no me permitieran entrar en una reunión tan formal como ésta, pero olvidaba que estaba en Venezuela, en donde a todas partes se puede ir en camisa. Resultado: que aquí estoy y no sé por dónde empezar. Pero les puedo contar, por ejemplo, cómo comencé a escribir.

A mí nunca se me había ocurrido que pudiera ser escritor pero, en mis tiempos de estudiante, Eduardo Zalamea Borda, director del suplemento literario de El Espectador de Bogotá, publicó una nota donde decía que las nuevas generaciones de escritores no ofrecían nada, que no se veía por ninguna parte un nuevo cuentista ni un nuevo novelista. Y concluía afirmando que a él se le reprochaba porque en su periódico no publicaba sino firmas muy conocidas de escritores viejos, y nada de jóvenes en cambio, cuando la verdad -dijo- es que no hay jóvenes que escriban.

A mí me salió entonces un sentimiento de solidaridad para con mis compañeros de generación y resolví escribir un cuento, nomás por taparle la boca a Eduardo Zalamea Borda, que era mi gran amigo, o al menos que después llegó a ser mi gran amigo. Me senté y escribí el cuento, lo mandé a El Espectador. El segundo susto lo obtuve el domingo siguiente cuando abrí el periódico y a toda página estaba mi cuento con una nota donde Eduardo Zalamea Borda reconocía que se había equivocado, porque evidentemente con "ese cuento surgía el genio de la literatura colombiana" o algo parecido.

Esta vez sí que me enfermé y me dije: "¡En qué lío me he metido! ¿Y ahora qué hago para no hacer quedar mal a Eduardo Zalamea Borda?". Seguir escribiendo, era la respuesta. Siempre tenía frente a mí el problema de los temas: estaba obligado a buscarme el cuento para poderlo escribir.

Y esto me permite decirles una cosa que compruebo ahora, después de haber publicado cinco libros: el oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica. La facilidad con que yo me senté a escribir aquel cuento una tarde no puede compararse con el trabajo que me cuesta ahora escribir una página. En cuanto a mi método de trabajo, es bastante coherente con esto que les estoy diciendo. Nunca sé cuánto voy a poder escribir ni qué voy a escribir. Espero que se me ocurra algo y, cuando se me ocurre una idea que juzgo buena para escribirla, me pongo a darle vueltas en la cabeza y dejo que se vaya madurando. Cuando la tengo terminada (y a veces pasan muchos años, como en el caso de Cien años de soledad, que pasé diecinueve años pensándola), cuando la tengo terminada, repito, entonces me siento a escribirla y ahí empieza la parte más difícil y la que más me aburre. Porque lo más delicioso de la historia es concebirla, irla redondeando, dándole vueltas y revueltas, de manera que a la hora de sentarse a escribirla ya no le interesa a uno mucho, o al menos a mí no me interesa mucho; la idea que le da vueltas.

Les voy a contar, por ejemplo, la idea que me está dando vueltas en la cabeza hace ya varios años y sospecho que la tengo ya bastante redonda. Se las cuento ahora, porque seguramente cuando la escriba, no sé cuándo, ustedes la van a encontrar completamente distinta y podrán observar en qué forma evolucionó. Imagínense un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de diecisiete y una hija menor de catorce. Está sirviéndoles el desayuno a sus hijos y se le advierte una expresión muy preocupada. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella responde: "No sé, pero he amanecido con el pensamiento de que algo muy grave va a suceder en este pueblo".

Ellos se ríen de ella, dicen que ésos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el adversario le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces". Todos se ríen, él se ríe, tira la carambola y no la hace. Paga un peso y le pregunta: "¿Pero qué pasó, si era una carambola tan sencilla?". Dice: "Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi mamá esta mañana sobre algo grave que va a suceder en este pueblo". Todos se ríen de él y el que se ha ganado el peso regresa a su casa, donde está su mamá y una prima o una nieta o en fin, cualquier parienta. Feliz con su peso dice: "Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla, porque es un tonto". "¿Y por qué es un tonto?". Dice: "Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado por la preocupación de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo".

Entonces le dice la mamá: "No te burles de los presentimientos de los viejos, porque a veces salen". La parienta lo oye y va a comprar carne. Ella dice al carnicero: "Véndame una libra de carne" y, en el momento en que está cortando, agrega: "Mejor véndame dos porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado". El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice: "Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se está preparando, y andan comprando cosas".

Entonces la vieja responde: "Tengo varios hijos; mire, mejor déme cuatro libras". Se lleva cuatro libras y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice: "Se han dado cuenta del calor que está haciendo?". "Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor." Tanto calor que es un pueblo donde todos los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos. "Sin embargo -dice uno-, nunca a esta hora ha hecho tanto calor." "Sí, pero no tanto calor como ahora." Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: "Hay un pajarito en la plaza". Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

"Pero, señores, siempre ha habido pajaritos que bajan". "Sí, pero nunca a esta hora." Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. "Yo sí soy muy macho -grita uno-, yo me voy." Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen: "Si éste se atreve a irse, pues nosotros también nos vamos", y empiezan a desmantelar literalmente al pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo dice: "Que no venga la desgracia a caer sobre todo lo que queda de nuestra casa" y entonces incendia la casa y otros incendian otras casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio clamando: "Yo lo dije, que algo muy grave iba a pasar y me dijeron que estaba loca".
Fuente:
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La cobertura de los medios

La revista Multicolor recela de la llegada de Carranza al poder


CIUDAD DE MÉXICO, México, octubre 28.- La atrofia del sistema de justicia penal, que es causa de que la impunidad sea de 98.3% en el país —según el CIDAC—, ha producido la informalización judicial: 1) los cuerpos de seguridad, incluidas las Fuerzas Armadas, promueven juicios paralelos, condenando a supuestos criminales ante las cámaras, cuando no acribillándolos para exhibir sus despojos; 2) el crimen organizado razona, en mensajes, secuestros, tortura y muerte; 3) colectividades montan sus tribunales de facto, que tantas veces acaban en linchamiento; y 4) los medios informativos y los periodistas, no sólo registramos esos autos de fe posmodernos, sino que nos sumamos al festín truculento.

Esos actores se consideran con derechos justicieros, en un entorno de ausencia de Justicia y donde el populismo punitivo reduce la política criminal a actos simbólicos para la vindicta pública, mientras policías, fiscalías y tribunales languidecen en su endogamia. Y si el Estado es incapaz de proveer justicia legal, según su responsabilidad constitucional, tampoco puede dar seguridad ciudadana, pues el que la impunidad alcance el 98.3% es un incentivo para violar la ley.

En este paisaje, los medios y los periodistas dejamos de sólo mediar información —cierto, bajo los cánones espectacularizantes del infoentretenimiento—, para convertirnos, asimismo, en objetivo criminal, lo cual alberga una paradoja que un colega morelense nombró de esta forma durante un taller reciente: "Estamos alimentando al monstruo".

En México, las empresas noticiosas son adictas a la información barata, aunque de ínfima calidad, inverificable y, a veces, inverosímil, que proveen las instituciones de seguridad y justicia, y procesan periodistas mal pagados, mal equipados y de precaria formación profesional. Esto, de manera alterna, se comercializa en publicidad por decenas de miles de pesos. Tal esquema tiene mayor materia prima conforme los emisores se diversifican: ya no son nada más las instituciones a través de sus vías formales, sino crecientes canales informales del gobierno y grupos delincuenciales pujando por ganar la coyuntura.

Muchos periodistas arguyen que no encuentran otra que someterse a las lógicas de la industria noticiosa, aun por encima de sus convicciones. Teniendo fundamento, este argumento omite que los directivos, editores y reporteros, incluso los más críticos con las instituciones o sus operadores, suelen sentir empatía con que el delito y la violencia se combatan a tiros y que vale la pena hasta suspender ciertas garantías en pos de la seguridad.

Comparten la visión del populismo punitivo, según la cual, el espacio público se reduce a uno de continua lucha entre el bien y el mal, donde todo en las relaciones sociales es justificadamente susceptible de judicializarse.

Aquí está la paradoja: los medios y los periodistas llegamos a ser críticos de la incompetencia oficial para proveer seguridad y justicia, pero seguimos dependiendo de la información chatarra que el gobierno nos da, publicándola acríticamente. Lo mismo hacemos con la delincuencia como fuente.

No ignoramos que esto 1) afecta derechos como la presunción de inocencia, la vida privada, la propia imagen, la dignidad y la protección de datos personales. 2) Desacredita al periodismo y sus hacedores. 3) Empobrece el ejercicio ciudadano del derecho a la información al referir el delito y la violencia mediante hechos sin contexto, con profusión de minucias periciales que no permiten comprender los fenómenos ni revisar soluciones. 4) Invisibiliza la parálisis del sistema penal y legitima que viole derechos. 5) Empobrece la legalidad. Y 6) Produce miedo.

Pero no sólo no cambiamos mentalidad y prácticas, sino que frente al debate sobre armonizar las libertades de información y expresión con los derechos de los actores de las noticias y las audiencias, por instinto gritamos "¡Censura!".

Frente a la violencia contra colegas, los medios se reducen a tibias críticas pero tampoco modifican sus políticas editoriales espectacularizantes y banalizantes del dolor humano y el delito, que de hecho contribuyen a que los periodistas seamos foco de actores violentos, en parte por esa manera de informar. Tampoco hacen nada por abordar el delito y la violencia desde una perspectiva socialmente responsable, dependiendo menos de la información barata que les surte ese sistema penal que precisamente es incapaz de proveer justicia cuando se nos ataca. Es como alimentamos al monstruo.

Urge debatir teniendo el interés público como referente. Las instituciones de la política criminal deben modificar sus modelos de comunicación para informar con respeto a los derechos; las audiencias, desarrollarse en cultura política, porque no constituyen un contrapeso que presione a los medios a transformarse; y los legisladores, hacer leyes que protejan los derechos de las audiencias y los actores de las noticias.

Los medios, a su vez, han de 1) estandarizar la producción noticiosa policial y judicial con referentes éticos y legales; 2) profesionalizar a sus periodistas; 3) sumarse a iniciativa que proponen mecanismos colectivos como los pactos, para no lucrar más con las tragedias humanas ni el miedo, y respetar los derechos de los actores de las noticias.

Si comienzan hoy, estarán haciendo un aporte social, construyendo un espacio social más seguro —donde los periodistas estaremos más seguros— y dejarán de ser funcionales a un sistema de justicia penal productor de violencia.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx
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martes, 26 de octubre de 2010

‘Fotografío lo más banal, lo obvio y lo anodino’

MADRID, España, octubre 26.- Avisa, lo primero, de que no quiere parecer "un predicador". Y no lo parece pese a que su vida ha sido desde hace 34 años el relato fiel de una "misión". "Todo nace de cómo me hago fotógrafo en Sicilia en 1977" cuenta Ernesto Bazán (Palermo, 1959) unos minutos antes de presentar en Madrid BazanCuba, primer libro de su trilogía fotográfica sobre 14 años de vida en Cuba. "Tuve un sueño en el que aparecían cuatro palabras: 'Tienes que ser fotógrafo". Y lo fue a conciencia. Ex miembro de la selecta agencia Magnum, galardonado con los respetados premios World Press Photo y W. Eugene Smith, entre otros, Bazan ha cumplido con aquella revelación que contó a su padre durante una mañana de ese "Palermo viejo" que recuperó en La Habana con su mirada y el objetivo.

La historia cubana de Bazan, cortada de raíz por el régimen en julio de 2006, es la historia de dos amores. Por lo menos. El primero es el que hizo al fotógrafo amante del blanco y negro enamorarse de la isla. "Cuando llegué a Cuba sentí que estaba en el Palermo donde me había criado" recuerda Bazan con la mirada perdida en la memoria. "Esa extraordinaria vida coral que hay en las calles, ya no se vive ni en España ni en Italia ni en Europa. Cuando encontré todo eso en La Habana me enamoré perdidamente de la isla y de su pueblo". Y dentro de su pueblo, de una mujer, Sissy, con la que vive junto a sus dos gemelos en México. El segundo amor.

La búsqueda de la infancia siciliana
Bazan tomó una cámara por primera vez a los 14 años. Con ella inmortalizó una Sicilia rural, una tierra que hoy recuerda a través de su infancia -"muy feliz a diferencia de la de muchos fotógrafos para los que fue terrible", dice con sorna-, el campo, sus padres y primos, su abuela y los paseos por la calle para ir a comprar. Con esos recuerdos son con los que se topó el fotógrafo italiano a su llegada a Cuba en 1992 y por los que se quiso quedar para siempre. Aunque no lo lograse. "En Cuba me di cuenta de que durante toda mi vida fotográfica estaba buscando mi niñez siciliana en el campo". Algo de todo eso hay, no solo en la serie de fotografías tiradas en Cuba, sino también en las que Bazan realizó en Estados Unidos, Perú, México, Brasil...

El libro BazanCuba, presentado en colaboración con la Federación Española de de Asociaciones de Periodistas (FAPE), describe en 118 fotografías en blanco y negro lo que su autor llama la "poesía de nuestra vida cotidiana". Lírica que refleja también la crudeza del Periodo Especial -así lo califico Fidel Castro- que vivió la isla, tiempo de miseria que acentuó la caída de la URSS y que recibió al fotógrafo a su llegada. "Lo que busco desde que empecé -madura sobre la marcha Bazan- es fotografiar lo más banal, lo más obvio, lo anodino". Palabras de tonos grises que, sin embargo, sugieren a lo largo de las páginas vida, música, calle, imaginación, pena, dolor, belleza, sensualidad, naturalidad... Imágenes que Bazan ya no puede ver con sus propios ojos desde que el régimen le pidiera hace cuatro años salir del país por impartir talleres de periodismo.

El año próximo, precisamente con la ayuda de los alumnos de sus clases, Bazan publicará Al campo, segundo libro dedicado a la isla caribeña en la que todavía sospecha que se crió durante otra vida.
Fuente:
www.elpais.com

Son voceadores grandes luchadores por las libertades públicas

CIUDAD DE MÉXICO, México, octubre 26.- El periodista José Luis Camacho López aseveró que son los voceadores "los grandes luchadores por las libertades públicas", al presentar hoy el libro documental Voces de la libertad, editado por la Unión de Expendedores y Voceadores de los Periódicos de México, A.C.

Dijo que periodistas y voceadores han sido parte fundamental e inseparable en la lucha por la libertad de expresión, prensa y derecho a la información, según las conclusiones del libro en el que participaron la historiadora Martha Celis de la Cruz, Cristina Pacheco, Elena Poniatowska y el recién fallecido Carlos Monsiváis.

Otras personalidades de las letras y la comunicación que aportaron sus comentarios para la confección de Voces de la libertad fueron Jacobo Zabludovsky, Humberto Musacchio, Armando Ramírez, Julián Pablo, Rafael Cardona, Concepción Peralta Silverio y el mismo José Luis Camacho López.

Los testimonios, junto con las excelentes fotografías del Archivo Casasola y Nacho López, proporcionadas por la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para integrar Voces de la libertad, ofrecen una visión histórica del voceador como actor en esa lucha, subrayó Camacho.

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aseguró que por su oficio de difundir noticias, a lo largo de la historia los vendedores de periódicos, popularmente conocidos como voceadores, han sufrido asesinatos, lesiones, persecución, cárcel y censura.

Eso, sostuvo, de acuerdo con los testimonios y las investigaciones históricas que recoge el libro Voces de la libertad, que reúne testimonios e indagaciones sobre la seguridad que ha mermado en la actividad del voceador.

"En la historia más reciente siete voceadores han sido asesinados, cuatro en este año en Ciudad Juárez y tres en Oaxaca en 2007. Han sido víctimas de quienes intentan acallar y silenciar a la prensa asesinando, desapareciendo o secuestrando a periodistas, e intimidando a los medios de comunicación", dijo.

Mencionó recientes casos de comerciantes de los impresos en el estado de Chihuahua, que revelan la situación que en algunos estados se lleva a cabo esta labor.

Por su parte, el secretario general de la Unión de Expendedores y Voceadores de los Periódicos de México A.C., Raúl Ramos Rivadeneyra, destacó que el libro Voces de la libertad da cuenta del esfuerzo de miles de voceadores que cada día pregonan las noticias que se publican en la prensa.

En el material, dijo, están contenidas las letras de personalidades como Carlos Monsiváis, a quien calificó como "amigo de los voceadores" y quien en esta obra expresó "su amable opinión sobre nuestro trabajo". Pero a pesar de su ausencia, advirtió emocionado, el autor de Amor perdido "está más presente que nunca".

En otro orden, informó que la Unión fundada en enero de 1923 actualmente es uno de los gremios de trabajadores mejor organizados en todo el territorio nacional.

"Contamos con una de las redes de distribución y puntos de venta más grande del país, con siete mil puestos tan sólo en el Valle de México".

Recordó que el sistema de trabajo que han mantenido desde hace 87 años les permite contar con servicios de salud, escuela, becas y ayuda a jubilados, entre otras prestaciones. "En mi caso, y por el esfuerzo de mis padres, que fueron voceadores, cursé estudios universitarios en esta querida casa de estudios".

El líder de los voceadores explicó que el libro contiene parte de historia del gremio, con reseñas, anécdotas y una gran cantidad de fotografías de ayer y de hoy "que nos retratan en toda nuestra esencia como un sector de trabajadores dignos y honrados, producto del trabajo duro y el esfuerzo cotidiano".

Para concluir, enfatizó que su gremio está convencido que las publicaciones impresas nunca van a desaparecer, y que para nadie es un secreto que el avance de las nuevas tecnologías en la información son avasallantes. Internet, radio y televisión tienen ahora la prerrogativa de dar a conocer noticias al instante, concluyó.
Fuente:
www.notimex.com.mx

lunes, 25 de octubre de 2010

La crónica regresará a los periódicos: Villoro

Juan Villoro acaba de presentar su nuevo libro 8.8: El miedo en el espejo sobre el sismo de febreo en Chile.


CIUDAD DE MÉXICO, México, octubre 25.- La tendencia de abreviar todo en información en línea le ha pegado a la crónica en muchos medios noticiosos, criticó el periodista y escritor mexicano Juan Villoro, para quien este género regresará a los diarios cuando éstos recuerden que su fuerza también depende de contar historias.

Entrevistado en ocasión de la promoción de la publicación de 8.8: El miedo en el espejo, una vertiginosa crónica sobre su experiencia en el terremoto que sacudió a Chile en febrero pasado, Villoro refirió que actualmente la realidad entrega historias que pueden ser tocadas desde la crónica, que es la mejor manera de unir lo social con un destino individual; la información con emoción.

Lo paradójico, dijo, es que al mismo tiempo los medios escritos han perdido confianza respecto a sus recursos y piden textos cada vez más cortos. "Mientras los periodistas engordan (porque cada vez salen menos a la calle) los periódicos adelgazan", señaló.

Entonces, aunque ahí están los temas que entrega la realidad, sin que puedan ser soslayados, la crónica ha emigrado a las revistas y a los libros.

No obstante, el género volverá a los periódicos, "cuando éstos recuerden que su fuerza también depende de contar historias", confió el experimentado cronista, admirador del recientemente fallecido Carlos Monsiváis.

Sobre cómo hacer una crónica de una situación dramática en la que el propio periodista es protagonista o víctima, aclaró que él no sabía que su experiencia en Chile acabaría siendo relatada en una crónica y que todo lo que recabó de información en ese momento no se debió a apuntes como tal.

Lo que pasa, señaló, es que no hay mejor proceso nemotécnico que el miedo. "Si alguien te dice algo en una situación extrema, lo recuerdas para siempre".

"En Tirant lo Blanc, el gran clásico de la novela de caballerías, que tanto admiró Cervantes, un padre le da una bofetada a su hijo sin motivo alguno. El hijo le pregunta por qué lo golpeó, 'para que nunca olvides este momento', le contesta".

Y es que las bofetadas fijan la memoria, considera Villoro, para quien cuando las cosas importan todo se te graba. "Venimos de Homero, es cronista de guerra que nunca tomó apuntes ", explicó el autor, quien se encuentra en Barcelona, España, donde da clases en la Universidad Pompeu Fabra.

Hay veces, añadió, que se escribe desde la perplejidad y la ignorancia, por ejemplo, acotó, el sismo de Chile le demostró que "ante la tierra, todos somos discípulos y uno se limita a tomar apuntes".

Por eso, comentó, en algunos pasajes de su texto habla desde la ignorancia del que no sabe si va a vivir o no, en otros toma la palabra el coleccionista de sismos en que ya parece haberse convertido, por el sólo hecho de ser mexicano, o incluso el lector que ha tenido curiosidad por buscar sobre esos temas.

El secreto de una crónica, puntualizó, no depende de saber muchas cosas, sino de usar datos que no se habían combinado antes y que permiten entender la realidad de otro modo.

Lo demás es estilo, técnica y la experiencia en el periodismo y la lectura de grandes maestros, que durante años de oficio han ido perfilando su peculiar estilo, ése que le ha valido ser considerado " un periodista de amplios recursos, capaz de interpretar realidades complejas".
Fuente:
www.eluniversal.com.mx
Imagen tomada de www.eluniversal.com.mx